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Hemos de constatar; sobretodo para coger con imperdibles esta historia, vaya que los críticos que nos acechan, digan que existían hechos sin sostén; que nuestro personaje nació hace más de diez lustros, según consta en el Registro Civil de su amada Córdoba. Que vio la luz, por primera vez y última, pesando casi media arroba, o sea la mitad de los kilos que le sobran en nuestros días. Entonces las mujeres parían con unos índices de albúmina desorbitados; gracias a una buena alimentación; y por ende los niños nacían con algunos kilillos de más. Si hoy pariera una de nuestras mujeres un neonato con mas de 5 kilos saldría en las revistas, y por el contrario si una de nuestras madres hubiera alumbrado a un imberbe de 2.500 gramos, la hubieran tachado de tísica. Son cosas de los tiempos y de las modas. No puedo imaginar a mi amada esposa pariendo a un niño de seis kilos, en el paritorio y agarrada a mis "huevos" y comunicándome, de forma educada eso sí, ¡anda que me vas a pillar otra vez, mozo".

Volviendo a nuestra historia, habíamos dejado a nuestro héroe en su cuna. Ya por entonces balbuceaba y no se le entendía nada, reminiscencias que posteriormente, y a partir de su pubertad, se agravaron cada vez que bebía cerveza. Pero situémonos en aquel triste día en el que nacieron la gran mayoría de sus posteriores problemas y no carguemos más esta historia con un sobrepeso innecesario. La frase fatídica salio de los labios de su madre: ¡Pero que bonito esta mi niño vestido de ROSA!. Era una frase que intentaba tranquilizar su conciencia puesto que esta madre, y durante nueve meses, había albergado la esperanza de dar vida a una niña y no a un niño. Por lo tanto, y dado su tino en cuanto a acertar con el sexo de sus hijos, recordemos que éste era su cuarto hijo, había comprado el "atillo" todo de color ROSA. Rosa era su pelele, rosas sus braguitas, rosa era su lazo, pero éste, ¡gracias a Dios! no consintió, su padre, que era muy hombre, que brillara en la azotea de nuestro personaje. Asistimos atónitos a esta escena en la que esta "rosa temprana" tuvo la imperiosa necesidad de reivindicar su sexo, con balbuceos, pero reivindicación al fin. Ya toda su vida fue una ardua lucha para imponer su sexualidad, la verdadera y no el que le impusieron cuando aún no sabía defenderse. No viene a cuento traer, en este momento, las opiniones de las distintas mujeres que han pasado por su vida, pero estoy seguro que estarán de acuerdo conmigo en que nuestro Quijote, siempre tenia la necesidad de ser el más alto, el más fuerte, el más hombre en definitiva con cada una de las féminas con las que se ha tratado en su vida, excluyendo, por no ser irreverente a las 136 monjas del Colegio de la Milagrosa, dónde estudió. Este panfleto, que seguiré engordando en próximas entregas, albergará una serie de felonías, ardides, embustes y demás pecados veniales que nuestro "machote" tuvo a bien poner en práctica con el "sexo débil", escenas en las que no siempre salió victorioso........ Hasta el próximo capitulo, Un saludo.

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