giweather joomla module

Eventos

No hay próximos eventos!

Calendario

Enero 2018
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
01
02
03
04
05
06
07
08
09
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

El gran momento se acercaba, sería dentro de dos días, Juan Antonio estaba inquieto, nervioso, ya se sabía el catecismo, los mandamientos, los sacramentos, los pecados capitales, las principales oraciones, las partes de la liturgia, y sobre todo sabía en todo momento detrás de quien iba y que tenía que hacer cuando el compañero girara a la izquierda. Las reuniones con el catequista y los ensayos se multiplicaban, siendo ahora diarios.

El domingo amaneció radiante, el sol entraba a raudales por su habitación, iluminándola, así como su pequeña alma. Durante la noche no había parado de repetir los pasos a dar desde el momento de entrada a la iglesia, hasta el gran momento en que acogería dentro de sí a Jesús, su Amigo, como tantas veces le habían repetido.

Todo sucedió como tenia que suceder, leyó como debía, giró cuando su compañero se desvió y la comunión la tomó con alegría y a la vez con devoción, sin que se le cayera El Cuerpo de Dios, la gran obsesión de Juan Antonio durante toda su preparación. La catequista felicitó a los niños, las campanas repicaban, fuera los esperaban todos a todos, sus abuelos, padres, tios, todos bien arreglados para la ocasión.

Ahora con Jesús dentro de sí, Juan Antonio era una persona nueva, llena de energía, y buenos sentimientos. Nada mas salir de la iglesia una nube de besos, caricias, cariñosos pellizcos, cayó sobre él, no sabía ni quien era quien, estaba verdaderamente aturdido. Alguien lo rescató de allí.

La entrega de una máquina de fotos digital por parte de su tía, lo hizo volver a la realidad, su vecina le dio un juego para la PSP, su tio el de Madrid, al que no veía a menudo, le obsequió con un sobre diciéndole: “dáselo a tu padre para que te compre lo que tu quieras”, su madrina, con lagrimas en los ojos, le ofreció un paquete con un misal, un rosario y un crucifijo que habían pertenecido a sus antepasados. El niño aterrizó, es verdad, son los regalos, -se dijo para sí- mientras los recibía a diestro y siniestro, dando gracias, besos y estampitas conmemorativas del evento.

A veces, regalamos lo que mas nos gusta, dando por supuesto que al receptor le gustará tanto como a nosotros, no sabiendo muy bien distinguir entre el placer de comprar el obsequio o el gusto de entregarlo. Esto es lo que debió pensar Juan, padre del comuniante cuando le compró a su hijo una flamante bicicleta Ghost. Allí estaba, en su casa, junto a la puerta de entrada Verde y blanca, triple plato, nueve coronas, suspensión delantera… como la de su padre y sus amigos.

Juan Antonio casi la esperaba, pero no por ello pudo reprimir que sus ojos se le llenaran de lágrimas al verla, conocía la gran afición de su padre. En unos segundos y como si de una película se tratase, pasaron por su mente las narraciones que este le contaba los sábados cuando llegaba, lleno de barro y con algún que otro arañazo: “hoy culito lindo se ha caído en el Reventón”, “nos hemos hinchado de reír con el chiste de Bellido”, “viene con nosotros un señor mayor, que quisiera que lo vieras como sube y la habilidad que tiene en las bajadas”. Nombres como Tamarit, la Abuela, Vicente, la Vieja, la Letrada, la Capitana, Quique… míticos para él, en su imaginación le había puesto la cara y sus circunstancias. Los imaginaba llenos de barro atravesando un torrente, o cubiertos de polvo en medio de la dehesa, o asomando sus cabezas al pasar por un trigal, o saltando alambradas, o subiendo las piedras con las maquinas a cuestas, o cubiertos de sudor con la vista hacia abajo mientras empujan la bici para cubrir la ultima ruta descubierta por la Capitana.

Las palabras mágicas salieron de boca de su padre “ya pronto, con esta bici te podrás venir con nosotros”. No podía creerlo, él, Juan Antonio, el hijo de Juan, salir a pedalear con el grupo de su padre, Los Arrastraculos, tantas veces nombrados, los de Verde, tantas veces evocados, incluso en el Colegio, tuvo mas que palabras con otro chico porque este dijo que el azul del grupo de su padre era superior al Verde del de Juan.

Paso algún tiempo, Juan Antonio salía por su barrio con su Ghost, luego su padre lo llevaba al parque, incluso por la Via Verde, por el canal, Almodovar, Alcolea, el Muriano, ya iba conociendo todos estos lugares. Al mismo tiempo los gemelos de Juan Antonio se iban marcando cada vez mas e iba cogiendo estilo, su cuerpo se estilizaba, Juan Antonio se hacía mayor.

Fue un jueves cuando su padre, considerando que ya estaba preparado, le pegunto:

¿quieres venir el sábado con los Arrastraculos? Haremos una ruta bonita, larga pero asequible para todos. El sí fue instintivo, lo llevaba esperando mucho tiempo, no obstante le puso de manifiesto a su padre que el viernes era la gran fiesta de la Graduación, y que tras los actos del colegio, todos los graduados irían a cenar y luego a la discoteca. Juan le advirtió que todo se podía hacer, siempre que cenara bien, bebiera con moderación y se acostara relativamente temprano.

Juan estuvo en la graduación de Juan Antonio y tras tomar unos canapés con los demás padres, los saludos y las fotos de rigor, se marchó dejando en escena a los verdaderos protagonistas, no sin antes despedirse de su hijo con un “mañana te levanto a las 8”.

El padre pudo dormir tranquilo cuando oyó el tintineo de las llaves en la cerradura, miró el despertador eran las 2,10 horas,

- ¿Qué tal lo has pasado Juanito? Bien respondió su hijo, todo lo de la cena estaba
muy bueno, luego hemos ido a la discoteca, he bailado mucho, y casi todos se han ido de pubs, yo no quería pues si tenemos que salir mañana… buenas noches papá, se despidió el joven.

Las señales horarias marcaban las 7,30 horas, antes de que Juan se asomara a la puerta, ya vio la luz de la habitación encendida. El joven no estaba nervioso aunque si tenso, entre la ilusión por lo que afrontaba y el recuerdo de las chicas de la noche anterior. Ambos se vistieron, comieron lo que debían, y salieron. A veces pedaleaba al lado, a veces delante, pero siempre oyendo los consejos de Juan: ten cuidado con los giros, mira hacia delante, no te distraigas nunca, cuida tus laterales, no hagas movimientos bruscos, avisa antes de adelantar, bebe constantemente, come algo…. Al fondo se divisaba un toldo naranja, que cobijaba en su interior a múltiples puntos verdes, eran los Arrastraculos, por fin los conocería, pedalearía a su lado, oiría sus chistes, sus consejos, sus risas, sus gritos, padecería sus bromas, se beneficiaria de su solidaridad… Tras las presentaciones de rigor y ante los nervios propios de la ocasión visitó el servicio, allí encontró a su amigo Luis, había estado con él por la noche, lo recuerda con su traje y corbata impecable, ahora estaba tirado en el suelo, entre orines, restos de papel higiénico y su propio vómito. También vio a Pedro, con las pupilas dilatadas y restos de polvo blanco en los “ollares”. Su amiga Rosa, que iba tan guapa y con la que bailo en la disco, apareció con el vestido y las medias rotas, el rímel corrido y andando con un solo zapato y a la que pareció oírle decir “otra copa por favor” mientras casi se caía sobre los ciclistas. Paco se acercó a él con paso tambaleante, echándole el brazo por encima y preguntándole: ¿Dónde te has metido Juanito, de que vas disfrazado? Mientras se vertía sobre su traje el contenido del tubo que difícilmente sostenía en la mano, “ahora vamos a un after” le decía con voz gangosa y aliento agrio, ¿te vienes? - le preguntó. Daniel dormitaba sobre un sillón de la Boutipan, con las piernas estiradas y abiertas, la corbata desabrochada y la camisa por fuera del pantalón.

Se oyó un voz recia y decidida, ordenando “vámonos”, a lo que siguió un crujir de cadenas y calas, Juan Antonio se calzo su casco, montó en su Ghost y sonaron el par de calas de sus zapatillas acomodándose a los pedales. No pudo evitar volver la vista y ver el espectáculo de sus compañeros alzando torpemente las manos, sin saber si era para decirle Adios o para que viniera con ellos. Miró hacia delante y vio la Marea Verde, la siguió, porque ese era su instinto.

JUAN CARLOS FERNANDEZ.- Arrastraculero de pro, orgulloso de serlo y convencido de que lo que hace está bien hecho.

Dedico el presente a Juan (Juanito) y a su hijo Juan Antonio, que no hace mucho hizo la Primera Comunión, y al que recuerdo en la última subida de Fuente Carreteros, mientras su padre nos alentaba y retrataba, él corría a nuestro lado dándonos ánimo, aún sin conocernos. Que seas dichoso Juan Antonio y conserves siempre esa sonrisa.

A veces me pregunto cuál será el secreto de los grupos sociales para que se mantengan unidos y no perezcan. Es indudable que toda comunión de personas tiene un devenir en el tiempo incluyendo una primera época dubitativa, de nacimiento y primeros tiempos, una de plenitud y una de decadencia debido al desgaste.

En este nuestro club, hubo un germen, los chicos de Mapfre, que debido a sus conocimientos de otras personas, fueron engrosando las salidas de los sábados, y así se fueron uniendo unos, otros y los conocidos de los unos y los otros, hasta completar sábado tras sábado, un grupo mas o menos constante y homogéneo.

Con todo ello y debido a las inquietudes e iniciativas de algunos de los miembros se decidió dotar de formalidad a este grupo y formar un club. Se eligió el nombre, se aprobaron los estatutos se hicieron algunas reuniones y formalidades y a marchar.

¿Qué hace que el club de MTB Arrastraculos, nuestro club, aguante en pie y en buena salud? Es la pregunta a la que quiero contestar con la presente reflexión.

En primer lugar, creo que todas las circunstancias que voy a tratar de explicar están relacionadas entre sí, da tal forma que en esta reflexión podrían utilizarse solo los puntos seguidos, ya que una condición nos lleva a la otra.

Es fundamental el RESPETO que se tiene en el grupo, el respeto que tenemos todos por todos. Mas o menos, con el trato que hemos ido teniendo nos vamos conociendo, nosotros y nuestras circunstancias y si observamos bien durante los ratos de convivencia, nadie se mete con nadie desde un punto de vista personal, y ello, claro está sin incluir los comentarios cómicos, fruto del buen humor que tienen algunos de sus componentes.

Constituimos un grupo HOMOGENEO. El verde nos iguala, de tal manera que las condiciones de todos, una vez vestidos de verde, son iguales. Las pretensiones también, casi todos venimos para lo mismo y lo reconocemos en nuestras conversaciones privadas, es decir, todos queremos olvidarnos de los problemas y echar un buen rato. El club no es solo deportivo, aunque esta actividad sea la base de todo, también nos reunimos, convivimos, buena prueba de ello son las cenas que organizamos, algunas veces, justo antes de comenzar, tomamos café o desayunamos juntos y sobre todo la cerveza que tomamos al final que nos sirve para relajo de todos, comentarios de la salida y sobre todo convivencia entre nosotros, ya en un plano distendido. Es cuando la persona se manifiesta, y cuando conocemos un poco más a los que componemos el grupo.

No hay una RIVALIDAD DEPORTIVA ENTRE LOS SOCIOS. Qué pasaría si hubiera grandes “piques” entre los miembros, -que si yo he llegado antes, -que si me has cortado la trazada, -que si no me has dado relevos, -que si no te has parado. Cuántas veces hemos presenciado discusiones entre miembros de un mismo club reprochándose actuaciones o maniobras que le han impedido a otros ganar o hacer una buena salida, etc… En fin, sabemos que si esto sucediera nos llevaría indefectiblemente a un deterioro de las relaciones entre los miembros en liza y con ello no tardaría en abandonar el club uno de los dos contendientes. En nuestro club, no sucede esto, sabemos quien corre mas, quienes son mas competitivos, los aceptamos y respetamos, ellos también respetan la salida y a quienes vamos, parándose al final, esperando, ayudando.

Es verdad que contamos con un elemento que obra a nuestro favor LA MADUREZ que nos da la edad, ya no somos unos jóvenes, los años nos han templado el carácter, de tal manera que no hay salidas de tono, los nervios están controlados, es indudable que hay mas tranquilidad que si el grupo estuviera compuesto mayoritariamente por jóvenes de 18 años. Esto lo he observado en las salidas de las pruebas en las que participamos, no hay excesivos nervios, ni intranquilidad, aunque si puede que haya tensión, lo cual es propio del momento.

El hecho de NO DESTACAR GRANDES LIDERES NI QUERER SER PROTAGONISTAS, constituye otra condición que ayuda a la estabilidad del club. Si este hecho sucediera, pienso que comenzarían a nacer las envidias, y con ellas las rivalidades, los partidarios y los detractores, conduciéndonos al abismo de la fragmentación, sin mas el grupo se hundiría.

La cuestión de la FORMALIDAD en las reuniones y el hecho de contar con SOCIOS COMPROMETIDOS es otro de los pilares básicos para el apoyo y vida del club. La junta directiva se reúne periódicamente para la selección de las marchas próximas en las que el club participará, así como para solucionar cualquier inconveniente que pueda surgir. Al mismo tiempo, hay socios que están muy comprometidos con el club, y cuando digo comprometidos me refiero a una formalidad en sus compromisos, de tal forma que si estos dicen algo lo hacen y si se comprometen a algo lo cumplen. Ello es un factor fundamental que sirve para que todos ayudemos sintiendo que nadie recula. Es verdad que están bien repartidos los cargos y los responsables de cada área, pero siempre, todo esto supone un esfuerzo adicional que hemos de restárselo al tiempo de ocio o al de la familia, y siempre de forma desinteresada.

El club tiene la dicha de contar con lo que yo voy a llamar ELEMENTOS PERSONALES ESTABILIZADORES, es decir, hay personas en el club que sirven de catalizadores, son especialmente respetados por todos, sin saber porque, emanan generosidad en su esfuerzo por el club, todo ello de una forma desinteresada. Cuidan de la página, advierten de los peligros que acechan al club, se interesan enormemente en que el club se mantenga, en que todos estemos unidos, en que no haya problemas entre nosotros ni con el resto, todo ello sin alharacas, ni triunfalismos, sino con sencillez y modestia, en fin son verdaderamente admirables.

El hecho de TENER UNA PAGINA WEB nos une y sirve de información. Es un punto de referencia al que todos acudimos para informarnos, y relacionarnos. La exhibimos con orgullo a familiares, compañeros y amigos, damos su dirección para que acudan a ella y vean lo que hacemos. También nos expresamos a través de la misma. Cuantas veces nos han dicho “que pagina mas chula tenéis” o “vuestra pagina esta estupenda y es muy graciosa”. Por vuestra experiencia podeis acudir a paginas de grupos deportivos que no se tocan desde hace años, que no se renuevan, ello denota dejadez y decaimiento. Personalmente entiendo que nuestra pagina es un factor fundamental en la vida del club, en el momento que se descuide, el club caerá.

Aunque sea un infantilismo, queramos o no NOS SENTIMOS ORGULLOSOS DE SER ARRASTRACULOS. A veces me parece regresar al pasado (un atavismo) me siento joven, lo comento con otros miembros y les pasa igual. Por ejemplo, en Fuentecarreteros, os voy a confesar mi experiencia: tuve la oportunidad de conocer más de Jesus (culito lindo) durante el viaje de ida y vuelta, me reí enormemente con las ocurrencias de Antonio (el abuelito de Heidi), durante la carrera pude apreciar la diversidad de tonos y lenguas que hay en nuestra provincia, oyendo hablar en cazurro a mucha gente, paseé mis aposentos entre trigales, olivos y naranjos percibiendo un olor que ya quisieran los grandes perfumistas, conocí gentes de otros grupos, me olvidé de los problemas y encima hice algo de deporte. Cuando llegue a mi casa me duché y dormí como un bendito, que mas quiero.

En fin, todos sabemos que no hay nada eterno, pero que hasta ahora nuestro club se mantiene y es la envidia de muchos, disfrutemos este momento.

JUANKA.- estas reflexiones son personales, y las expongo a fin de animar a los demás al debate, al comentario, por lo que dedico las mismas a todos LOS ARRASTRACULOS y especialmente a aquellos que con su labor desinteresada y oculta y su esfuerzo generoso, están haciendo que este club, donde tan bien nos lo pasamos todos, se mantenga vivo.

- Otra mas, hoy invito yo, dijo Miguel.

Le oí decir que no hace mucho había sido su aniversario. Tres llevamos ya, la lengua se suelta, las piernas se aflojan, necesitados de acompañar la cerveza con algo, las manos se caen sobre los pequeños cuencos en busca de cacahuetes. Algunos comentan sobre los últimos casos conocidos de corrupción política, proponiendo incluso las soluciones, otros hablan sobre los efectos benéficos del último producto nutritivo para deportistas, un socio que oye hablar de ello manifiesta conocer una formula mas natural, económica y con los mismos efectos. Se hace otro pequeño grupo en el que, a pesar de hablar en castellano, las palabras son incomprensibles, compac, sloopin, tubeless, rebote, bloqueo, simetrías, geometrías, unidades de medidas nunca oídas, sag, pulgadas, compresión, extensión,….son los que les gusta la técnica de la bici, verdaderos apasionados del tema que no dudan en poner sus conocimientos al servicio de todos.

Al comprobar la hora, empieza un movimiento que hace destacar el verde sobre el resto de las mesas, casi todos se van levantando, y entre abrazos y saludos nos despedimos hasta mas ver, prometiendo comunicarnos, quedando en citas imposibles, que sabemos que no acudiremos, en todo caso, sabemos que el próximo sábado nos veremos.

La rutina se repite, casco, guantes, gafas, rápida comprobación visual, las calas hacen su click y a marchar, tras un movimiento dubitativo de la rueda, me encarrilo definitivamente, se acabó por hoy, pienso. Estoy terriblemente cansado, el recorrido ha sido bonito y variado pero exigente al máximo. Me encaro con algún conductor que ha olvidado las reglas mas básicas de la circulación, el alcohol me envalentona. Las parejas van de la mano, los niños delante jugueteando, unas largas piernas cruzadas elegantemente, me hacen girar la cabeza -que día mas bonito- me digo. La ciudad bulle, rebosa de energía, parece que ha pasado el terrible invierno.

Al otro lado de la ciudad, en mi destino, alguien mira insistentemente el reloj, es María, se pregunta que habrá pasado hoy, ¿Dónde estará? Le dan ganas de llamarlo al móvil, pero no quiere que la tachen de querer controlarlo. Ya conoce las burlas de los hombres en este aspecto, la sargenta, la capitana, la máquina de reñir, ya están controlando… se sabe de memoria los comentarios soeces de los hombres, aunque lo único que quiere es que llegue o saber si ha pasado algo.

Mientras la bici avanza inexorable, Juan busca una excusa, reconoce que hoy se ha pasado. Son las 14,45 horas, y se ha bebido tres cervezas. Había prometido a María llegar temprano con el fin de ir a comprar el mueble para el ordenador de la habitación de los niños. ¡madre mía! ¿Qué digo yo ahora? Todo lo que me diga es poco.- Pensó Juan, previendo lo que le esperaba.

Suena el timbre. –Ya está aquí, gracias a Dios.- dice ella, aliviada de su preocupación.

-Vaya ruta la de hoy, vengo molido. Dice Juan. Quiere darle un beso pero ella lo esquiva diciendo: déjame de besitos, que no estoy de humor.

- ¿y lo del mueble para el ordenador de los niños? Inquiere María

El trata de explicar su tardanza, aduciendo que la ruta ha sido muy larga, que él quería volver pero no conocía los caminos, que le daba vergüenza decir que tenia que volverse para ir de compras con su mujer, que uno se cayó por el Reventón y han tenido que atenderlo,…. Alega todo ello sabiendo que no la puede engañar.

-No me lo creo, siempre me dices igual y además hueles a cerveza. Contesta María.

Ella conoce ya todas esas excusas, sabe que a pesar de ser verdad, tampoco él quería ni acompañarla de compras, ni llegar tan tarde. Lo comprende. Sabe también que él se lo pasa bien con la bici y los amigos, al fin y al cabo no hacen nada malo, peor sería si estuviera en el bar bebiendo y fumando, como el marido de su amiga Paqui, que está irreconocible, hinchado, con la cara abotagada, con una barriga prominente. Con lo guapo y buen mozo que era, piensa ella. El suyo por lo menos se mantiene, tiene una figura bonita, está mejor que cuando se casaron, en fin… esto de la bici tiene algunas ventajas reconoce María.

Finalmente Juan le confiesa que se han pasado “un poco” ya que Miguel se empeñó en pararse un poco a celebrar su reciente cumpleaños y ¿cómo iba a negarse? está feo. María acepta entonces el beso que antes rechazó.

El pregunta como ha ido la mañana, María le contesta, todavía un poco molesta, que igual que siempre, informándole que el niño llora, pues su equipo ha perdido al futbol y a él no lo han puesto, que la habitación de la niña sigue sin arreglar, que ayer llegó a las dos de la noche y hoy se ha levantado a la una, que no ha estudiado nada, en fin…. Juan consuela a su hijo diciéndole que otra vez será, que tiene madera de campeón. El niño le pregunta compungido que cuando va a poder él también montar en bici. A su hija le recomienda ser ordenada y no enfadar a mama, repitiéndole otra vez mas los peligros de la calle a altas horas de la noche y preguntándole de nuevo que hacen los jóvenes a esas horas, contestándole su hija que ya se lo ha dicho mil veces y que sus amigas salen a las doce. El padre le recuerda con nostalgia, que hacían cuando él y su madre tenían su edad, la hija le responde que los tiempos no son iguales.

Juan anuncia que se va a duchar, y mientras se enjabona sonríe al recordar el último chiste contado por Antonio- que gracioso es este hombre- reconoce, -se pasa bien con la bici- admite. Piensa, que después de todo María no se ha enfadado tanto, -es un encanto esta mujer- El olor que le llega de la cocina le hace estremecer el estomago: bien, bacalao, lo que mas me gusta, verdaderamente María es maravillosa, reconoce. Se imagina que tras la comida y con lo cansado que está hará la siesta del siglo, incluso piensa, si María quiere…. Quien sabe, hoy es sábado.

Oye el timbre del teléfono fijo, alguien lo coge, y tras un rato dejando correr el agua por su cuerpo pregunta a voces: quien era?

María le informa en el mismo tono y desde la cocina: es mi hermana, la que vive en Móstoles, y era para avisar de están de camino, que vienen con otro matrimonio y que tienen mucho interés en que esta tarde les acompañemos a visitar las ruinas de Medina Azahara y que también quieren pasar con nosotros el fin de semana, y hacer turismo por la ciudad.

-Que te parece, Juan? Pregunta María. FIN.

Juan Carlos Fernández.- Arrastraculero de pro.

La idea de este relato surge a raíz de que Carlos Fernández, me sugiere de escribir algo sobre la llegada, ya que los anteriores versan, como saben mis lectores, sobre veloces carreras, angustiosas escapadas, percances inquietantes, incidentes en ruta… en fin, todo muy vertiginoso. A él y en especial a todas aquellas personas que nos esperan intranquilas tras nuestras divertidas salidas dedico el presente relato. Gracias por haberlo leído.

El corazón se le desbocó cuando miró el despertador, -¡imposible! exclamó mirándolo de nuevo sin dar crédito a lo que veía. Analizaba la noche sin dormir, -que me ha pasado? Se preguntaba. Echó la culpa a la manzanilla que tomó para poder dormir algo en esa noche, en la que lo único que recordaba eran las vueltas y revueltas, la sequedad de boca, los gritos de los jóvenes en la calle, los recuerdos del trabajo y los problemas de la oficina.

Mientras se lavaba la cara pensaba que no llegaría a tiempo, reprochándose la estupidez de no resistirse al cansancio en el último momento y caer vencido por el insonmio. Tanta preparación para el gran evento, tantas tardes de entrenamiento, tantas noches en el gimnasio, tantas sesiones de quiromasaje, previendo que todo sería en vano.

Los de la casa protestaban por el ruido que, debido a la gran excitación, era mayor que en otras ocasiones. Las cosas parecían tener vida. Tiró la maceta del pasillo, lo que provocó un gran estruendo. Al echar la leche caliente en el vaso, estalló, lo que nunca había pasado. No encontraba las galletas que compró el día anterior expresamente para este desayuno, se tuvo que conformar con la tostada de siempre.

–Donde estará mi nuevo maillot? -Se preguntaba mientras daba grandes bocados a la tostada, provocándose una persistente tos. Mientras, ponía patas arriba el armario, recién ordenado por ser el inicio de la temporada estival. Por fin, vestido, comido y equipado para el evento, partió de una vez por todas y tras cerrar la puerta de la casa, tuvo rápidamente que darse la vuelta y abrirla pues le vino esa inoportuna necesidad que acude todas las mañanas, precisamente cuando uno está totalmente vestido y listo para partir. Mientras deponía miraba el reloj convenciéndose de que podía llegar. Confiaba en la tardanza de los otros, siempre pasaba, -por qué esta vez no iban a retrasarse? Se preguntaba, tratándose de convencer de que así sería.

Al bajar al trastero lo estaba esperando su complemento

-Aquí estas. Le decía.

-como estas? Preguntaba al ser inanimado hecho de carbono y aluminio. Nada mas montarse, notó que algo no iba bien. ¡Horror! Una rueda estaba pinchada. Hasta la boca le llegó una arcada con sabor a aceite y tomate, su acritud le quemo la garganta. A pesar del intenso frio, las gotas de sudor perlaban su frente y caían en la base de la bomba, mientras infatigablemente una y otra vez subía y bajaba el mango del inflador hasta lograr la presión suficiente.

¡Vámonos! a su mente llegó el recuerdo de Carlos Sainz imprecando al cielo que lo librara de su mala suerte, mientras su compañero lo animaba a arrancar y la meta quedaba a 500 metros.

Nunca había pedaleado así, se diría un poseso, no respetaba semáforos, ni señales que en otros tiempos y dada su deformación profesional hubiera esperado y cumplido pacientemente. Todo le daba igual, en su mente no había más representación que los esfuerzos hechos para el evento y que todo podría ir al traste por un descuido en el descanso. Qué horror! le parecía increíble, nunca le había pasado esto. Lo volvió a la realidad el intenso y agudo pitido de un vehículo con las imprecaciones lógicas de su conductor, no había respetado un semáforo en rojo. Internamente se recomendó más precaución. A lo lejos percibió un tumulto; -que podía ser tan temprano? Se preguntó. El guardia lo paró.

-Control del alcoholemia.- dijo el policia alzando su brazo.

-Pare.-Le ordenó.

-Por favor, soy ciclista, - no lo ve? Acabo de salir, como me va a realizar a mí la prueba? Imprecaba inútilmente.

-He visto como se ha saltado el semáforo, estos obligan también a los ciclistas. –esgrimió el guardia.

-Ya, perdone, pero voy muy justo de tiempo, hoy es la Gran Marcha del Club Verde y si me paro no voy a llegar.- Sin hacer el menor gesto de atención a mis palabras, el guardia sacó un extraño aparato y junto con una pequeña bolsa que contenía una boquilla me la entregó.

- Sople con todas sus fuerzas hasta que cese el pitido - ordenó el guardia. Incrédulo obedecí, devolviéndole el aparato al policía.

Tras mirar el resultado me informó:

-Cero cero, puede usted continuar, circule.- Sin decir nada, miré el reloj, imposible me dije, no llego.

Reanudé la marcha, sorteando a jóvenes que protestaban, policías que tomaban nota, vehículos con las puertas abiertas y la música a todo volumen…, hasta el último de los conos. Ante mi se abría una larga recta, lance la maquina, noté como la sangre se acumulaba en mis piernas, lo que las hacía más pesadas.

Giré para tomar la última curva, desde allí se podía divisar el punto de encuentro.

- Que raro no había nadie.- me dije. Resoplando llegué y de un salto me baje de la bici.

-Donde están? – Hace mucho que han salido? – por donde se han ido? Acosé con estas y otras preguntas a la chica que atendía el bar y la que tantas veces me había servido un café.

-Por allí. –me indicó con la mano.- si te das prisa los coges. Me aseguró

En el horizonte, se divisaban puntos verdes, confundiéndose con los arboles, apareciendo y ocultándose. Monté de nuevo, redoblé mi esfuerzo, al circular por la acera casi atropello a un viandante el cual me increpó con razón, ni contesté como habitualmente hago. Pero estaba ciego, solo tenía la vista puesta en los puntos verdes del horizonte. Gritaba sus nombres, pero el esfuerzo me ahogaba la voz. De pronto, un fuerte dolor se me agarró al costado.- flato. Mi respiración se entrecortaba. Traté de calmarme pero me fue imposible. Se me escapaban, ya no los veía. Quería pedalear mas, pero en mi vano esfuerzo una de las calas se soltó, un gran dolor en la tibia me hizo reflexionar, los he perdido, no los cogeré, el corazón quería seguir, el cuerpo no respondía…

La música de las noticias sonó, …”son las siete de la mañana”… dijo el locutor, alargué el brazo y apagué el despertador. Noté que estaba sudando y sin embargo no hacía calor. Hoy es el día de la Gran Marcha del Club Verde, me dije, mientras me preparaba tranquilamente el café. FIN

Otro más de JUANKA (Juan Carlos Arrastraculero) para servirles a vds. y de colaboración a la pagina del Club, tan bien cuidada por manos hábiles y mentes desinteresadas. A dichas manos y mentes dedico el presente, y para que también sirva de acicate a los demás, recordándoles que las cosas no se hacen solas.

Un Saludo Tamarit.

Nadie podía imaginar lo que vendría después de aquellas tardes de estío, cuando al andar la tierra cruje a nuestros pies, cuando en la visión de ese mar en movimiento afluyen los cantos a nuestra vista y se ven los arboles ensombrecer pequeñas isletas. Aquel 21 de diciembre fue el último día en que se podía salir sin plástico que cubra el cuerpo, a partir de ahí el paraguas cumplió su función. Los días se fueron sucediendo, los campesinos saludaban la lluvia, uno y otro día. Las cárceles del agua, tras llenar poco a poco sus intestinos más profundos, iban creciendo sin parar, el canto de los arroyos cada vez era más ronco. Al cabo del tiempo seguía la situación sin solución de continuidad, el aburrimiento afloraba en las gentes, que poco acostumbrados a ello, su carácter cambiaba. Los que vivían más próximos al rio veían crecer su caudal, siempre corriendo, ya no había isletas, el árbol que las ensombrecía se mecía al compas de la corriente, la tierra ya no cruje bajo los pies, en vez de ello estos se hunden en el fango y es costoso andar por la orilla. Al cabo de los días sin parar, los niños preguntaban a sus padres paseando cogidos de su mano -que pasaría si el rio creciera, - se los comería? Los padres los tranquilizaban diciéndoles: el abuelo nunca ha visto pasar el agua de allí, señalándole una marca en la otra orilla. Otras veces el mismo padre se enojaba con el hijo por dudar de los cimientos de la casa o de la elección en la ubicación de la misma: que tonterías tienes, la casa es sólida y está en buen sitio, el agua nunca puede llegar hasta aquí , aunque en su interior dudase de sus palabras e internamente no creyera en la sabiduría del abuelo.

Los medios lo habían advertido, aquella tarde era diferente, el cielo se oscureció, el viento arreció, algo en el interior de los moradores de la casa, les hacía suponer que no era como otras veces.

El rio había recibido del cielo, más que nunca, el don divino del agua, se vistió con sus mejores galas y llamó a sus hijos. Todos acudieron, principalmente aquellos que estaban encerrados en cárceles extensas, fabricadas por los hombres para beberles su sangre, o regar con ella sus campos. Todos vinieron, incluso los más pequeños ya olvidados y se juntaron en compañía del padre, fluyendo hacia la gran cita. El padre iba poderoso, extenso, fiero y veloz, reclamando lo que era suyo, tanto tiempo olvidado, enseñando su poder por allí donde pasaba. Todos lo miraban a su paso, todos veían su orgullo crecer cada vez más. Todos lo respetaban, ahora.

El niño, en los brazos del padre, veía flotar sus juguetes, las ropas, botellas y los demás enseres de los que se había servido el día anterior. Dio un grito de pavor cuando al salir de la casa, observó que la caseta de su perro había desaparecido bajo el agua, y que éste, hinchado y aún con la cadena al cuello flotaba inerte, ya no oiría sus ladridos de alegría incitándolo para jugar. Todo estaba cubierto por un mar marrón, todo flotaba, todo estaba perdido.

El niño recordó en silencio las palabras de padre y las indicaciones, ahora inservibles, de su abuelo, todos lo habían engañado.- No.- Todos habían perdido la memoria. Salvo el rio que, con sus hijos, vino a por lo que era suyo.

Juan Carlos Fernandez.- Tamarit arrastraculero.- para todos los arrastraculos, para que ninguno perdamos la MEMORIA de lo que son las cosas naturales y sepamos que, por encima de promesas y falsas esperanzas de políticos y contrapoliticos, tarde o temprano, la naturaleza reclama lo que es suyo, por ello debemos conservarla y respetarla.