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Dejaba ya las monedas sobre la barra del bar con el importe exacto del café con leche y la tostada con aceite, recogía su casco y se disponía a salir, cuando la comentarista lo anunció “dos ciclistas mueren en la carretera y otros tres resultan heridos de gravedad en un accidente ocurrido en las proximidades de Sevilla.” Un punzada en el corazón lo paralizó, con la mano puesta en el picaporte de la puerta y la vista al exterior del bar donde lo esperaba su bicicleta para afrontar el regreso después del refrigerio tomado. Se le subió de pronto la sangre, poco a poco se iba volviendo y levantando la cabeza hacia la tele, esperando lo que no quería oír. El bar quedó en un tenso silencio todos levantaron la vista hacia el televisor. La comentarista ampliaba la noticia “el conductor perdió el control del vehículo e invadió el carril contrario produciendo el atropello a los ciclistas, los cuales iban en grupo por el arcén, causando la muerte a dos de ellos y heridas a otros tres, siendo trasladados de urgencia al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Al parecer el conductor carecía de permiso de
conducir y el vehículo no tenía seguro”.

Su cabeza daba vueltas y más vueltas, estaba obsesionado, ya había participado en otras ocasiones en la misma prueba, esta vez era diferente, había cruzado el meridiano de los cincuenta, necesitaba demostrarse que podía aún hacerlo. Entre el trabajo, las clases de por las tardes y las obligaciones domestico-familiares, siempre sacaba algún rato para entrenar, bien corriendo a pie, bien con la bici, o en última instancia en el rodillo, esto a pesar de las protestas de los vecinos.

17 horas del viernes 20 de agosto y con exquisita puntualidad parte la expedicion Arrastraculos a tierras de la comarca del Marquesado. Tras tres horas de ruta ordenada llegamos la bella ciudad de la Calahorra, donde nos relajamos y recordamos momentos de la misma ruta del pasado año. Tras reanudar la marcha pasamos por el impresionante puerto de La Ragua, que nos saludaba de nuevo con sus 2000 metros de altitud y en cuya parte posterior escondia el maravilloso refugio de los Arrieros.

En el tramo previo, antes de llegar a su falda, sin dejar de pedalear y mirando fijamente al horizonte, recordaba las imágenes televisivas de Hautacam, siempre llegada y nunca paso, recuerdo que tendido en el sofá, en las tardes de estío, vi al explosivo Delgado, al imperturbable Indurain, al incansable Beloki siempre tras el americano, al combativo Valverde, y ahora yo por estas tierras, me parece imposible.

Voy dejando una cadena de montañas, nevadas en sus cumbres, corriendo por sus faldas el sudor que el duro invierno ha dejado, en ésta de Hautacan también, de tal manera que un ruido ensordecedor me despierta de mi ensueño, está a la derecha, es un torrente que viene tan furioso que se desborda por la carretera, ¡que inmenso!

Ante mis ojos se presenta un cartel en la lengua de Napoleón: “Hautacam, 13km, desnivel 1040 m . pendiente media 8%”estos franceses están en todo, pienso, pues en La Ragua, no ponía nada de esto. La carretera no deja de empinarse, un caserío, una pequeña aldea, incluso parece como si las recordara de lo de las tardes ante la televisión. Hautacam 12 km , pendiente 8%, Hautacam 11,10, el mismo porcentaje en estos dos puntos, mientras el puerto empieza a pasarme factura, la cabeza me da vueltas, recuerdo a mis compañeros, los anhelo, si estuvieran aquí, no dejo de pensar en ellos mientras voy en bicicleta. Hautacan 9 km , pendiente 9%, ¡uff! parece imposible, subo un piñón, ya no me quedan mas, solo el plato pequeño. No puede ser, analizo: el reventón es mas duro y tiene piedras, esto esta liso y alquitranado. No me doy cuenta pero el puerto te asfixia poco a poco, Hautacam 7 km pendiente 10%. Agacho la cabeza y miro exclusivamente la rueda de delante tirando fuertemente de los pedales. Otra vez el ruido ensordecedor, otro torrente, me bajo, meto las manos, duelen pues el agua baja helada, cuando me doy la vuelta el panorama es impresionante, una sucesión de montañas nevadas surge de la tierra, ante tanta inmensidad me doy cuenta de lo pequeño que es el hombre. Me vuelvo a montar, sigo, a los flancos de la carretera hay vacas y caballos percherones comiendo heno, a mi mente viene la figura de Enrique, que diría si estuviera aquí. Hautacam 6 km pendiente 10%, tengo que poner el plato chico ¡que vergüenza! No se lo diré a nadie. Empieza a caer una densa niebla que me enfría el sudor. Un labriego me anima allez, allez, c´est dur? Se lo agradezco con un movimiento de la cabeza. Continúo subiendo, ahora pienso en la épica del ciclismo, uno no se imagina lo que es un puerto de esta categoría hasta que no lo hace y los corredores pasan 3 y 4 en una jornada, y al dia siguiente mas, son verdaderos titanes. Hautacam 5 km pendiente 9%, noto que alguien viene por detrás, no tengo fuerzas ni tiempo para mirar, es fino, rubio, se nota que es un profesional, lo sigue un coche AG2R LA MONDIALE, parece de otra galaxia, es diferente, es espectacular, da gusto verlo, me pregunto quien será, allez, allez, me dice el copiloto. Hautacam 4 km pendiente 8%, no puedo mas, me imagino a Miguel pedaleando a mi lado, mientras aconseja a su hermano de no cebarse pues queda mucho puerto, a Rafa silbando una conocida melodía, a Bellido contando un chiste, a Vicente imaginándose obscenidades, a Santiago arreglando la bici, a Rafa Guerrero y a Jose luchando por alcanzar la cima, me imagino en un pique, perdido de antemano, con Antonio y Alfonso, a Enrique apremiando pues tiene que estar pronto en su casa, a Juan, el ultimo, contándonos a ver si estamos todos, a Alfonso dando un hachazo diciendo Mamberryyyy, a Pepe y Miguel Angel rezagados hablando de sus cosas, a Carlos en actitud reflexiva, serio, atento, concentrado. Todos estos recuerdos me hacen avanzar, los anhelo, levanto la cabeza Hautacam 3km pendiente 9%, la niebla ha desaparecido como por encanto, a cada lado de la calzada hay precipicios, no me puedo descuidar, ahora son las ovejas recién esquiladas las que se aprovechan de la fina hierba. Quiero quitar el plato chico, avanzo unos metros, me es imposible, el desconocido profesional baja como una bala, primero él, a lo lejos el coche. Levanto la cabeza Hautacam 2 km pendiente 9%, veo la cima, está cerca, observo nombres en el suelo Valverde, Mayo, Del Nero, en un murete de protección se puede leer “Marino Lendakari” me hace sonreír, a la vez que escupo sobre tres letras de sangre y muerte, ETA. Hautacam 1 km pendiente 10%, agarro mas fuerte al manillar, curvas u contra curvas, verdaderos ochos, diviso los remontes ahora quietos, las lagrimas se me saltan, doy gracias a Dios por darme salud para llegar hasta allí, ahora estoy mas cerca de Él. No es la fuerza la que me ha hecho subir, ni tampoco la forma, es la fé, la confianza en uno mismo y la voluntad de subirlo. Entre la nieve de la cumbre veo manchas verdes, son ellos me digo, las manchas se difuminan no están allí, solo están en mi imaginación. Vuelvo la cabeza, las montañas están a mi altura, asomando sus cumbres por encima de la niebla, esto si es realidad, es maravilloso, inmenso, es la prueba de que Dios existe, le vuelvo a dar gracias, casi me doy con un cartel:

Conseil General de Hautes Pyrenees

Hautacam 1500m

Dénivelé: 1040 m

Ascension totale: 13km

Moyenne de la pente: 8%

¡Horror! He olvidado la máquina de fotos. Bueno tengo el teléfono, aunque no se hacer fotos con él, busco a Miguel para que me enseñe, realizo que no está allí, entre el frio y la emoción, logro darle a un botón que proyecta un chirrido pero… ¿por donde se mira para hacerse una foto uno mismo? Le diré a las marmotas de los pirineos que me la echen, mientras tanto escribiré un relato como testimonio de mi hazaña.



Juan Carlos Fernandez.-

Juanka.- Arrastraculero de pro.- para todos vosotros, a los que siempre llevo en mente y cuyo recuerdo me hace sonreir a veces y otras avanzar. Os quiero.

Con el mundo a mis pies. Así me creía cuando hinchaba mi pecho en un saliente de la sierra de Tejeda o Almijara, no sabiendo bien si estaba en la provincia de Málaga o de Granada. En el horizonte claramente se veía el serpentear del camino que habíamos traído, esculpido en las montañas, de un blanco cegador, ascendía en un ir y venir sin fin, se perdía en una montaña para aparecer en otra mas allá.

 

-Es increíble que eso lo haya podido subir yo –me decía. Mientras los demás señalaban con el dedo repitiendo –por allí pasamos- allí nos paramos- aunque siempre el dibujo con el índice acababa en donde nos encontrábamos. Con voz de entusiasmo alguno pregunta a José Miguel ¿aquello es Canillas o Competa? ¿Dónde estamos, en Málaga o en Granada? Para cada cuestión el sherpa tiene una respuesta sosegada y tranquila, que denota dominio y da seguridad a los demás, parece como si nunca se equivocara. Es admirable este hombre –me digo- tan callado, tan modesto, cuando habla, habla con seguridad, con experiencia, no duda, aserta, se diría que nos tiene en sus manos, que nos protege como un padre.

 

Tenemos que seguir nos dice, el calor me hace recordar que hemos salido algo tarde para las fechas que son, pero reconozco que venir desde fuera no es igual, al tiempo que revivo los momentos de espera, cuando aparecen los coches de los demás con las maquinas encima o colgando de la parte de atrás pero siempre a cuestas, haciendo sonar sus claxon mientras yo, preparando mis músculos para el esfuerzo, finjo no enterarme, aunque por dentro sienta una gran alegría por su llegada, por verlos sanos y salvos una vez mas, por compartir con ellos otra gran experiencia, por vivir otro día.

 

Me gustan las fotos, estas dejan una huella de cada momento que es difícil de borrar, y te hacen recordar personas, situaciones, momentos, te hacen comparar el pasado con el presente, en fin… antes, en las tardes tediosas de muchos domingos, se pasaba el tiempo sacando las cajas metálicas de galletas donde se guardaban innumerables fotos, y se pasaban de mano en mano, se comentaba, se reía se recordaba, constituían la historia de una familia. Hoy, se han grabado con modernas cámaras compactas, imágenes del grupo ante una ermita, de cada uno en bicicleta mientras pedaleaba, de alguno evacuando, de todos descansando, o posando ante la inmensidad del paisaje y recortando con nuestras siluetas el horizonte.

 

También se ha plasmado en foto los chorros de agua que nos entrega la montaña, como si nos quisiera dar su sangre, surgen de la nada como la leche de una nodriza. Tesoro acumulado en su interior durante el invierno y que entrega al hombre sin esperar recompensa, solo le exige que por este se valore, se admire, se inmortalice mediante una foto y sobre todo se respete. Divino regalo.

 

Subir y subir, el terreno es blanco, ciega a los ojos, está suelto, aparece la sensación de que algún ser agarrase la rueda trasera mientras que la delantera bandea a su antojo, sin control. Ruido que suena a calor. Desidia, las palabras de Carlos Diz me despiertan, me animan, revivo, puedo controlar la rueda, rodamos juntos, hablamos, el esfuerzo une, llegamos a un manantial, admiramos la generosidad de la montaña. Carlos recoge un cartucho vacio y lo guarda para mas tarde depositarlo en mejor lugar, gesto admirable, digno de ser grabado para exposición a la juventud, denota respeto –quien hace esto hoy día? Me pregunto.

 

Poco mas allá nos juntamos con algunos verdes, hablamos mientras esperamos a los rezagados, el tema siempre el mismo. Cuesta subir, es penoso, pero merece la pena pues el paisaje es inmenso, formidable, se agradece al sherpa su idea. La fatiga va haciendo mella en el físico, no obstante el conjunto se apoya. Tengo que desmontar para ascender alguna que otra cuesta, mientras camino empujando, pienso, rememoro, cavilo, siempre la misma pregunta fruto de la fatiga: ¿por qué hago esto? También siempre la misma reacción: no paro de andar. En el momento que puedo me subo y sigo, a veces como un autómata. Como echo de menos el poder describir dicho estado, la acción – reacción, lo comento con Carlos, él como hombre práctico, me da algunas pautas, me ofrece las fuentes donde beber para poder describir lo que quiero expresar, medito.

 

Otra reagrupación, otra espera, en esta ocasión, el horizonte delante, con el mar al fondo y África a la vista para los que tenemos cierta imaginación y alguna dioptría, por detrás unos caballos nos acompañan, extrañados de vernos, serenos, confiados, desnudos y en libertad, bello animal, noble ser, buena compañía. Casi sin darnos cuenta estamos comenzando la bajada, a mi recuerdo llega el comentario de Carlos sobre la tragedia de Benamejí, reflexiono, aunque no me puedo distraer pues la velocidad aumenta, hay regueros, piedra suelta, tramos de arena, curvas y contracurvas, siento la tentación de mirar al horizonte, ¡es tan bello! Me adelanta Jóse por la derecha, ¡por favor¡ , exclamo, ¿como podrán bajar asi? Me pregunto, en mi interior empiezan a aparacer los fantasmas, casi infantiles, ¿Qué pasaría si me cayese? -Como haría mi trabajo? –Como me desenvolvería en la casa? A pesar de que oigo la bici rodar, y aprecio el ruido metálico del contacto de los frenos, unas voces me hacen despertar de mi letargo mental, levanto la vista, veo una nube de polvo, en la que se puede distinguir un amasijo de metal rojo, por un lado y al otro algo verde. Llego a la nube, de ella emerge una figura, identifico a Antonio, mi Antonio, siento un verdadero pellizco en el corazón, parece un espejismo, no me lo puedo creer. Inmediatamente pongo pié a tierra sin importarme el cuidado de mi máquina, me acerco, no me atrevo a tocarlo, en un vistazo rápido observo bastantes desgarros, magulladuras, los brazos y la boca le sangran, tiene un importante golpe en el pómulo. Clamo internamente y me pregunto el porqué de esta ingratitud del destino. Lo vuelvo a mirar, que veo: “ha encendido un cigarrillo” como si nada pasara, mientras riega el suelo con la sangre, se está fumando un cigarro, impasible ante los dolores, en una posición desafiante contra el destino, descarado, como si retara a su mala suerte ¡me he caído ¿y qué?¡ Ni se mira las heridas, le interesa el placer inmediato del cigarro, el relax que le produce la nicotina. Es un hombre. Mientras hacemos inútiles cábalas sobre como ha podido suceder lo que no tiene remedio, él nos mira descarado, altivo, valiente. Alguien le lava las heridas a las que él quita importancia, mientras, otro recoge y recompone su máquina para seguir. Todos estamos tan impresionados que ni siquiera hemos echado una foto, la imagen de la sangre y la arena en una tarde de junio ha quedado en nuestras retinas para siempre, como quien recuerda una gran faena, sin toros pero con torero, sin aplausos pero triunfando, es la valentía hecha persona.

¡Ole Torero¡



JUANKA.- Arrastraculero de pro, orgulloso de serlo. Articulo especialmente dedicado a Antonio Romero, hombre bueno y valiente, paradigma para la juventud. Trae como causa la chispa inspiradora de Carlos, a quien agradezco la idea. Como siempre, sirva el presente para ser leído y luego comentado en el foro arrastraculero y sobre todo como acicate para sacar el espíritu narrador, poeta o escritor que todos llevamos dentro.