Córdoba-Málaga 22 de enero de 2011

                Caras de sueño se van concertando a la hora acordada en el bar Santos, ilusión en sus rostros, frotar de manos para combatir el frio físico y el provocado por la inquietud y los nervios. Recorren el mostrador algunos cafés, se comenta el tiempo a invertir, se pregunta si se sabe que clima hace en la ciudad de destino, cuantos habrá allí, si nos esperan, cuantos vamos de aquí. Hay grandes ausencias de los habituales en estos eventos; las hermanas Koplovich, el Torero, Kike, Defons, Bellido…

¡Estamos todos, vámonos! Es la voz de Juan, el organizador del evento. El convoy Verde parte para el encuentro con los hermanos de Málaga. El sol, emblema y nombre de la costa a la que nos dirigimos, tímidamente va pidiendo paso, aunque las nubes se empeñan en que no se levante, impidiéndole asomar la cabeza.

A la hora precisa y en el lugar acordado, Polideportivo Ciudad Jardin llegan los vehículos y al parar sus motores una marea verde se extiende por la explanada del aparcamiento. Fácilmente reconocibles, con sus indumentarias azules, nos esperan nuestros anfitriones los “MTB Málaga”. Saludos, y fotos protocolarias de ambos grupos.

A las ordenes de Paco, el organizador del Club malagueño, se empieza la marcha. Unos 60 bikers comienzan la ascensión a los Montes de Málaga. Primeros contactos entre socios, se miran y se admiran las bicicletas, se habla de ciclismo.

 El paisaje va cambiando, del cemento y el alquitrán urbano se pasa a la piedra aplastada de las pistas y caminos. Los malagueños nos informan que estamos entrando en el parque natural de los montes de Málaga. Pinos a ambos lados de la pista, comentarios sobre la ascensión, comparaciones con los rudos caminos de Córdoba. Siguen las conversaciones entre los participantes sobre los clubes, sus socios, las rutas, salidas, foros, paginas… Este relator “pega la hebra” con Isidoro, a la sazón presidente del Club MTB Málaga, con Paco, organizador del evento desde el lado malagueño, con Jesús, reportero del día, con Alvaro, gran conocedor del Camino de Santiago, con Carmelo, curioso personaje que nos llama la atención.

Las pistas del “parque natural de los Montes de Málaga” se tiñen de verde y azul. Bellas vistas de la ciudad y su costa se abren a nuestros pies en cualquier recodo de la ruta. Con relativo esfuerzo llegamos a un curioso lugar “el cochino”. Impresionante paisaje, donde los lugareños nos explican cada sitio de los que se divisan, donde también se ubica una escultura hecha con trozos de desecho encontrados en el parque natural, la cual representa un cochino jabalí, junto al que nos echamos fotos y alabamos la bella forma de reciclar y comentamos la ecológica iniciativa. Por el sendero llamado de los “toboganes” llegamos a un entrañable lugar “la fuente de la Reina” el cual, a los mas mayores, nos evoca tiempos pasados de viajes sin aire acondicionado, de viajes con la abuela, el canario y la pata de jamón al lado de la palanca del cambio de marchas, de viajes con las bacas repletas de sombrillas, tumbonas y maleta forrada con tela de cuadros y nunca faltaba la cesta de mimbre con la merienda (huevos duros y filetes empanados) para las tres o cuatro paradas obligadas del camino, viajes de vacaciones familiares, viajes de ilusión. Allí tuvimos ocasión de probar el “vino dulce de Málaga” para después de las fotos de rigor, emprender con ánimo la bajada. Pistas y senderos nos conducen de nuevo al lugar de partida.

Ningún incidente digno de destacar, aunque hubo, claro está, los pinchazos de rigor, por ambos bandos.

El verde de la esperanza y el azul de la gloria se funden en un abrazo. Despedidas, intercambio de direcciones y conjuros para un próximo encuentro.

Tras una frugal comida los verdes abandonan las tierras “nazaríes” para volver a las suyas, las de los “omeyas”.

A pesar del frio día, guardamos el ánimo caliente por la amistad entablada con los hermanos de Málaga, esperando con ilusión su reciproca visita.

 

                JUANKA

                A vuestro servicio este Relator, en espera que lo narrado sirva de recuerdo a los participantes y de emotivo relato a los ausentes.

 

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