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“….Midas agradeció a Dioniso que lo liberara del don de convertir en oro todo lo que tocaba, así pudo alimentarse

 
 

Lo hemos pasado bien, muy bien diría yo, condiciones climáticas inigualables, pareja perfecta, buenos amigos, entorno rural, entre gente natural, volver al pasado, en definitiva.

Lo presentía, ya el año pasado fue bueno, todo apuntaba a que este año sería mejor. Me costó encontrar pareja entre la gente del club, no todos están dispuestos a pasar un finde fuera de casa, o bien, no todos pueden ni tienen las condiciones como para irse fuera un sábado y un domingo, tengo que decir que también a la gente se “asusta” cuando le hablas de tres etapas, una contra-reloj y dos en línea.

Desde días antes, todo organizado y dispuesto, no era difícil pues tampoco íbamos tantos. El Diz y yo, tuvimos que cargar con la bici del Pedrera, lo que nos hizo levantarnos excesivamente temprano para lo recomendable, a la postre ni agradecido ni pagado, como suele pasar y además sin avisar de que regresaba por sus medios, así es que todavía lo podríamos estar esperando. 

Viaje agradable, hablando con una persona cabal, el Diz. Hombre curtido por la vida, ha pasado buenos momentos, ha sufrido el latigazo de la crisis, lo han moldeado los avatares  y circunstancias de la vida, es casi sexagenario y aquí está conmigo, para pasar un finde de ciclismo en medio del último reducto europeo de encinar. Tal vez no vaya el primero en las salidas, pero tiene arrestos para afrontar este reto. Es de los míos, carácter, constancia, cabeza, insistencia, voluntad, sufrimiento.

En San Martin, enclave donde nos vamos a alojar, no hay recepcionistas, ni azafatas, son los voluntarios del pueblo los que nos reciben, nos enseñan el albergue, nos dan las instrucciones, nos explican los horarios, y ellos mismos nos entregan la bolsa con el dorsal y los obsequios. No hay colas, ni esperas, todo se desarrolla con una cierta calma rural.

Tras desayunar tranquilamente nos vestimos con el talismán de nuestra equipación, los dos iguales. Previo calentamiento por el entorno sin problemas en el desarrollo de la crono, 11 km que el Diz y un servidor despachamos en 32 minutos.

 Tras un paseo por los alrededores, tenemos ocasión de admirar un paisaje poco conocido y visto: la dehesa. Miles de encinas, sobre una alfombra verde, extensas llanuras escasamente onduladas, a lo lejos las estribaciones de Sierra Morena, manchas blancas que corresponden a pueblos como Pozoblanco, Añora, Alcaracejos, El Viso.

Debajo de las encinas centenarias, hocica y come un animal único, original de la Bretaña francesa, que ha encontrado en este lugar su hábitat perfecto; el cerdo ibérico. Es bonito, como también lo son las vacas que pactan alrededor de las enramadas, vigiladas por el impresionante semanal, con su cuello inabarcable y sus exagerados pero necesarios atributos.

Comida correcta, sin alharacas, típica y propia de deportistas y tras un descanso vuelta a empezar con una etapa en línea de 40 km. Bien también, aunque Juan, la pareja de Erik, se despistó un poco, también se cayó Paco Molina y Deme, sin graves consecuencias, chapa y pintura.

Tras la ducha, el Diz quiere comer lechón, cochifrito para los de la capital. Nos vamos a Pozoblanco, para darle gusto al niño. Visita obligada a la familia y casa de este pobre relator. Paseo por el pueblo, cerveza en uno de los bares mas antiguos de la capital de los pedroches, donde los hombres juegan al domino, tiene chimenea y la barra es de formica, donde tiene un anexo que se corresponde con una antigua tienda de ultramarinos, en la que se vende desde bacalao hasta ropa interior femenina, desde útiles de labranza hasta los condimentos para la antigua matanza, desde cabos de vela hasta azulillo para la ropa blanca, desde hilaturas  hasta crecepelo, en fin… una reliquia. Lo mejor, el nombre del bar: El Ojo de Cristal.

De vuelta a nuestra residencia, abundante cena con pasta, carne y postre y a dormir, después de un paseo por los encinares viendo, desde el mirador, las titilantes luces de los pueblos en medio de la noche.

El descanso es respetado por los residentes, hasta que el sol llama a las ventanas. Los participantes poco a poco van desfilando en busca del desayuno. Se agradece el fresco de la mañana. Toca etapa en línea de 65 km. Dudas acerca de la ropa, pues hace fresco pero se prevé un día excelente, como a la postre así fue. La etapa se desarrolla de forma normal, tranquilos mi compañero y yo, hablando de nuestras cosas, incluso con parones para devolver a la naturaleza lo que nos ha prestado para alimentarnos. Observamos el cambiante paisaje, se suceden jaras, olivos y pinares, por caminos conocidos de otras pruebas. De pronto, giro a la izquierda para adentrarnos en una preciosa finca que contiene en su interior un pequeño tesoro, un arroyuelo que discurre por piedras azules, ¡curiosisimo!. A pesar del “rampón” la finca es preciosa. Vuelta a meta y en el avituallamiento nos encontramos a Erik que ha partido el cambio, tiene un cabreo monumental, su compañero Juan ha seguido, por indicaciones suyas. 

El Diz y yo, seguimos, pedaleamos entre parejas conocidas de la misma carrera, me recuerda los antiguos dibujos animados de los coches locos. Unas veces los adelantamos, otras nos adelantan, nos picamos con ellos. Pincho, como siempre en esta carrera, arreglamos y “palante”. 

Estas pruebas por parejas están bien, te permiten hablar, confraternizar, intercambiar confidencias, compartir la comida, el agua y el cansancio, merman tu afán de protagonismo, adormecen el orgullo y despiertan la solidaridad. Sólo no se es nadie, no se llega a nada, dependemos del compañero y éste de nosotros. 

Llegamos en 4 horas y algo, nos damos un abrazo. En meta nos espera Mariano, hombre de la tierra, que ha estado acompañándonos en diversos puntos de la carrera, con su máquina de fotos. Satisfechos con el resultado y agotados por el esfuerzo, nos duchamos y comentamos las incidencias con los demás, lamentamos la mala suerte de Erik, Paco Molina ha roto dos veces la cadena, nosotros hemos pinchado, solo se han salvado de las incidencias Pabletas y Paco (dos buenos amigos). Comemos todos juntos y relajados (salvo el Pedrera que se había ido) y comentamos el finde, lo bien que nos lo hemos pasado, la buena organización, el mejor ambiente, la calidad de las instalaciones, el buen tiempo, gente acogedora y todo ello por 43 euros.

El Bikendañora es fiel exponente de que todavía hay carreras y pruebas que están hechas para los participantes, donde lo importante no es ganar dinero, carreras en las que la esponsorización y ayudas van en beneficio del corredor y no del organizador, esperemos que aunque sean pocas, perduren así en el tiempo.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”. Voltaire.

 

JUANKA

Arrastraculero de Pro y Orgulloso de serlo.

 

Para los que no pudieron ir, que les sirva de consuelo. Para los que no quisieron ir, que se jodan. Para los que tuvieron miedo de ir, a fin de que vean que no pasa nada. Para los indecisos, que se decidan la próxima. Para los que fueron, que sirva de recuerdo de lo vivido.

Agradecer a esas gentes de Añora su buen hacer, su buena organización, su trato y sus ánimos, tienen un tesoro, se lo merecen.

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