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En el wasap conservo una frase que alguien envió un día: “no se deja de pedalear cuando se envejece, se envejece cuando se deja de pedalear”

                El hecho de ser tan estrictos en la admisión para la carrera de los 101 de Ronda, creo que ha provocado que muchos deportistas fijen en la Guzmán uno de los retos deportivos mas importantes de la temporada, por lo menos, así fue para mí.

                También cuenta que es “nuestra carrera”, es por nuestra sierra, es uno de los exponentes por excelencia de las pruebas deportivas de nuestra provincia. De tal manera es así, que tras la Media Maratón de Córdoba, es el evento deportivo que mayor número de participantes atrae en nuestra capital y provincia (sin contar el futbol, claro está).

                Desde enero, se fija en nuestra mente la fecha de la Guzmán, en este año, el sábado 18 de marzo. Se participa en otras carreras, pruebas, eventos, pero todo está preordenado a la Guzman, es de la que mas se habla, es donde se ha de exhibir todo el talento, es donde ha de aflorar todo lo que llevamos dentro, es donde se ha de exponer lo que somos capaces de hacer, es en definitiva, un hito importante y fundamental en la temporada. De cómo salga dependen muchas cosas;  seguir el mismo sistema de entrenamiento, variarlo completamente, animarse, decepcionarse, deportivamente….

                Personalmente opté por la modalidad de Bike-Runing, (duatlón) pues aún me respetan las lesiones, me gusta correr, se cambia la rutina de la bici, es mas entretenido, tiene el aliciente del cambio de actividad en plena prueba, uno se desintoxica de tanta bici. Nadie mas del Club se inscribió en dicha modalidad. Nuestro “Cónsul” manchego (mi sobrino Alfonso) también se enroló en la aventura, así como Pablo Sarmiento, un conocido de todos, aunque no le pongáis ahora la cara. No era mucho bagaje para entrenar conjuntamente, pues el Consul está en la tierra de Don Quijote y Pablo tiene sus obligaciones, está en otros parámetros, de edad y condiciones.

                -Cual era mi meta en esta Guzmán? yo la fijé en terminarla sin excesivo sufrimiento, es decir, con un sentimiento de superación, coloquialmente “esto lo hago yo sin despeinarme”. Sabía, por las últimas experiencias deportivas de la temporada anterior, (101, Desafío Sierra Sur) que hay que estar entrenado debidamente para terminar de forma medianamente honrosa una maratón. Había comprobado en mis propias carnes que la falta de entrenamiento adecuado se acaba pagando caro, que no se puede echar toda la culpa a los agentes externos como el calor, el frio, la gente, etc. El error está en nosotros. Observaba que el entrenamiento adecuado hacia triunfar a los compañeros, ahí tenemos los ejemplos de Paco Molina, Deme, Roberto, Pablo, todo un espejo donde mirarse. Así pues, conociendo mis límites físicos y circunstanciales, me aventuré y seguí un entrenamiento particular y personal. Alternando carrera, con mucha natación y no tanta bicicleta. Cuidando la alimentación y dejándome aconsejar por quien sabe más, especialmente mi hijo David “El Nene”. Sobre todo, como antes he dicho, aceptando la limitación de que no soy un portento físico y de que me rodean unas circunstancias personales y profesionales, que en ocasiones hacen muy difícil la preparación.

                Pienso que estas reflexiones son extrapolables a casi todos los del Club, pues estamos en parecidas circunstancias, es por ello que me detengo en su descripción, pues aparte de ser personal y real, la encuentro importante y sobre todo puede ser extensible a todo lector de la presente y participante o colaborador de la Guzmán, y así os podéis ver reflejados en aquellos que antes de la prueba han de recoger la casa, pasear el perro, engañar a quien más nos quiere diciéndole que no harán sobreesfuerzos, en definitiva pequeños-grandes detalles con los que tenemos que convivir y que se alternan con los entrenos, aderezados con los problemas del trabajo y la incompatibilidad de horarios para la práctica deportiva, es por ello que el mérito de hacer pruebas deportivas en nuestras circunstancias, se acrecienta enormemente, haciendo que cuando terminamos la prueba sintamos una indescriptible satisfacción.

                Tuve la curiosidad de anotar diariamente lo que hacía deportivamente. Ahora lo repaso y veo el “agradable” sacrificio: 10 km carrera, 50 km bici carretera, 1 km de natación, salida con el Club 55 km bici de montaña….Con el paso del tiempo las distancias se alargaban, hacía combinaciones entre la carrera y la bici, en fin,… sufrimiento y dureza. A veces es agradable, otra veces no tanto, pues la pereza asoma, la desgana aparece, la desidia lucha contra el sentimiento del deber y éste tiene que vencer. Son esfuerzos que forman la voluntad, suben la autoestima, nos ayudan en el autocontrol. Saben los lectores a que hora hago natación? Pues, de 22 a 23 horas, periodo de horario libre en el Polideportivo Vista Alegre. Otras veces, por circunstancias, he tenido que salir a correr a las 6 de la mañana. Aunque lo verdaderamente placentero eran las salidas de los sábados, con el Club, con mis amigos. Pueden que no sean tan efectivas deportivamente hablando, que no aporten entreno, pero…. Y la experiencia personal? y lo que nos reímos? y lo que compartimos?. Siempre lo he dicho, oyendo a los demás, pedaleando juntos, contando y oyendo problemas, conviviendo por unas horas con los hermanos Arrastra, todo ello contribuye a un enriquecimiento personal inigualable.

                A medida que se aproxima la fecha de la Guzman, el ambiente se va caldeando, se habla cada vez mas, los foros sociales se animan, las rutas del Club se encaminan a realizar los recorridos previsibles de la prueba, se habla del tiempo que hará, de qué nos pondremos, de qué comeremos y donde, de los puntos técnicamente problemáticos, se va fijando en la mente el recorrido. Particularmente también me hago mi esquema y previsiones: 2 horas hasta la base militar, 2 horas en el recorrido a pie y 3 horas en el resto. Pienso que saldré calmadito y no me dejaré llevar por el impulso inicial de correr y poner tierra de por medio con los de MTB. También, que para evitar el montaje de los músculos y los calambres posteriores, descabalgaré en la cuesta Arrastraculos, a mal que me pese. Que los casi 4 km de carretera ascendente desde el cuartel hasta los Villares, constituirán un exponente de cómo han quedado mis piernas después de la transición de la carrera a pie y que de ello dependerá todo el resto. Finalmente sabía que había que “guardar” que la prueba es traicionera, pues el segmento a pie tiene 18 km y se encuentra en medio de los dos segmentos de bici.

                Con estos mimbres hay que hacer cestos. Así, a medida que se acercaba la fecha de la prueba era mas consciente de que mi forma evolucionaba, que podía lograr mi objetivo: hacer la prueba cómodamente. A veces me pregunto: ¿de qué hablamos cuando decimos voy a disfrutar esta prueba?. Creo que la respuesta está en poder hacerla de una forma más o menos cómoda, sin tensiones, mirando el paisaje, fijándose en los demás participantes, hablando en algún momento con ellos, corriendo en los terrenos que mas se dominan, yendo sin que el corazón se salga por las orejas, observando a los espectadores que animan. Imagino que todo ello constituye lo que venimos llamando “disfrutar una carrera”. Pues bien, puede que lo haya conseguido con la presente edición de la Guzmán.

                Como antes he dicho, no somos totalmente dueños de nosotros mismos, a veces,  dependemos de circunstancias y los astros no siempre se alinean convenientemente. Así, el destino hizo que el día de antes de la Guzmán (17/04/15) hubiera de asistir a un compromiso social-profesional ineludible. Pensé seriamente en renunciar a uno de los eventos. Imposible, pues en quería hacer la Guzmán y no podía dejar de asistir al evento. Que hacer? Asumir el compromiso y tratar de compatibilizar los dos eventos. Ello me llevó a quitarle algo a los dos, del profesional-social tuve que renunciar a muchas copas, a buenas conversaciones con compañeros y amigos, a tener la mente un poco fuera de lugar, a no estar del todo lo relajado que el ambiente requería. Del deportivo, puede que mermara algo la efectividad, debido a las copas que tomé, a la inadecuada comida, la hidratación se desequilibró, pero lo peor es que me perdí también el ambiente de la recogida de dorsales, el hablar con unos y con otros, cosa que me encanta.

                La víspera de la prueba el wasap de los arrastraculos ardía, fotos de los dorsales, del equipo a llevar, de las instalaciones y entrega de dorsales, deseos de suerte, preguntas de última hora, bromas, advertencias, fotos, en fin… la ilusión y el nerviosismo confluían en los participantes.

                Esta vez no hay que desplazarse, ni desmontar y montar bicis, ni conducir a tierras lejanas, esta vez lo tenemos todo a mano, vamos a estar en nuestra sierra, con los nuestros. Todo es más cómodo. A pesar de que estamos en casa es inevitable que la noche transcurra más agitada que de costumbre, nos dormimos más tarde, nos despertamos antes. Estoy seguro de que todos los participantes se despertaron antes de la señal horaria que habían dispuesto. No vamos a descubrir ningún secreto si decimos que todos desayunamos cereales o avena, y mucha agua para la correcta hidratación. Como siempre, rápido repaso al equipo mientras nos vestimos. Esta vez no hay duda, equipación de verano, echamos algunos geles y complementos alimenticios y vamos a por la bici. Aquí está esperándonos, limpia, engrasada, con los piñones relucientes, llena de vitalidad, casi la humanizamos, le hablamos con el pensamiento y le pedimos que se porte bien, que no nos descabalgue, que no se averíe, que no nos haga extraños. ¡Vámonos!

                El día amanece con una temperatura ideal para el ciclismo. No son los grandes calores de los 101 de Ronda, no son los fríos de las pruebas de invierno como Añora, Villanueva de Córdoba, la Subida a las Antenas de hace bastantes años, la cual se desarrollaba en noviembre y recuerdo que los charcos estaban helados.

A pesar de la propaganda, Abril es el mes ideal para estar en Córdoba, esa temperatura de 20º que hace las madrugadas templadas y el día no excesivamente cálido, el azahar de los naranjos y la flor de las celindas invade con su aroma las calles de la ciudad, aún vacías de vehículos y viandantes. Da gusto ir en bici a estas horas, no hay nadie, el Guadalquivir nos saluda, la plaza de los Mártires extiende su alfombra amurallada hasta la Puerta del Triunfo que se abre para nosotros, esta vez adornada con las esculturas de Aurelio Teno y desde allí hasta el Arenal en una apacible mañana.

Vemos a los hermanos Arrastraculos, unos esperando colaborar, destinados a coordinar los distintos equipos que cubrirán la seguridad en los tramos que les han asignado, Pepe Alabanda, Antonio Ballesteros, Manuel Sánchez, Miguel Ángel García, Juan Gómez, El Nene, nos saludamos y nos deseamos suerte, cada uno en su misión. También veo a Manuel Parra que va a cumplir la ingrata pero necesaria misión de hacer de “bici escoba”, al parecer en la base militar están Carlos Fernández y Carlos Diz, veo también a Fito. En cuanto a los hermanos que van a participar, todos están muy concentrados, no obstante logro saludar a Deme y Roberto (Zipi y Zape), los hermanos Diaz, Mariano y Ángel León. Todos nos abrazamos y deseamos suerte. Ultimas micciones y al cajón junto con el Consul Manchego. Observo los cuerpos de los duatletas, vaya músculos bien definidos, vaya equipaciones, y yo, al igual que el Cónsul tendremos que desvestirnos y vestirnos completamente en la transición, por lo menos esta vez llevamos porta-dorsal y no tenemos que estar poniéndolo con imperdibles en plena transición. (le significo a los lectores que para este tipo de pruebas se usa el llamado “mono de duatlón” que te permite no tener que cambiarte en la transición, sino solo ponerte las zapatillas y salir a correr).  Por supuesto, poco me importa estar delante, pues mis metas son otras, aunque sin exigirlo los duatletas saldremos 15 minutos antes que el resto. Difícilmente se entiende al spikers, pero algo habla de minuto de silencio, que se cumple con gran seriedad. Y casi sin darme cuenta se da la salida.

Todos los planes se distorsionan, aquello que pensaba de salir despacio, nada de nada, toda previsión se va al traste. No puedo entender cómo se corría tanto por las avenidas de Córdoba, era como un sprint sin fin. Llevaba la boca abierta y no aspiraba todo el aire que necesitaba, los oídos me zumbaban al ritmo de los latidos, fue increíble y lo peor; miro hacia atrás y voy de los últimos. El Cónsul me comenta: “están locos”, pienso que si estos son los duatletas que no será de los bikers. El Cónsul, se despega en la primera subida, la cuesta de asfalto que da acceso al barrio del Naranjo y ya no lo volveré a ver hasta cruzármelo en la carrera a pie.

Acceso al camino de tierra en el barrio del Naranjo y de repente se forma una nube de polvo. Trago parte del mismo lo que me hace toser sin parar. Mirando el suelo y con la vista puesta en la rueda del que me precede oigo un gran revuelo. ¡Equivocación! Suben unos, bajan otros. Al parecer alguien–algunos han quitado señales y variado su dirección. Qué desalmados, me pregunto el beneficio que obtendrán haciendo esto. En fin....

Antonio Ballesteros, que iba en moto, abriendo la carrera de los bikers, me comenta que se le hacía enormemente difícil mantener una velocidad adecuada para que no lo pillaran los primeros. También, todos los que han colaborado en esta crónica coinciden en lo mismo, es decir, la gran velocidad a la que se salió.

Avanzo por caminos conocidos del arroyo Pedroches y casi sin darme cuenta, debido a la velocidad que se rueda, me encuentro ante la gran cuesta que da acceso a la Loma de los Escalones. Informo a los lectores de que al conseguir abrir este acceso es privado, se evita el tortuoso paso por las piedras, tanto los riscos como las sueltas y nos lleva directamente a la verja más allá de la llamada “huella de la calzada romana”. Es verdad que la cuesta tiene bastante desnivel, pero nos pone en  el pie de los escalones ahorrándonos el penoso esfuerzo de sortear las dichosas piedras.

En estas estaba cuando oigo rugir las motos que abrían paso a los primeros “bikers”. Mientras yo peleaba por sostenerme ante el desnivel, los primeros pasaron volando, es increíble. Pude distinguir a Pedro Romero y a Trujillo, y algo mas delante pedalee durante unos metros junto a Jesús del Nero. Durante la cuesta mis pensamientos se tornaron en preguntarme cómo lo harán, si tendrán familia, si tendrán que llevar los niños al baloncesto, si tendrán que ir al banco para arreglar cuentas y equívocos, si pasarán alguna mañana aguantando las colas de la Administración para cualquier papel, si irán los fines de semana a comprar, si arreglan las cosas de su casa, si la limpian, si pasaran alguna tarde con su familia paseando mientras se acuerdan del buen paseo (entreno) que podrían estar haciendo con la bici…. Bueno, voz amiga: el Francis me anima y me hace fotos. Más adelante el Antonio Romero (el Torero) me anima pero no me echa fotos. Creo que aquí me pasa el Paco Molina, el Presi, que va con los primeros. Es increíble, en su segunda participación y queda el primero del Club, finalmente hizo un tiempo de 4 horas y 18 minutos, siendo 108 de la general y 39 de su categoría, y eso que corrió con calambres desde el cuartel.

Escalones: bien, los paso entre bajada de la bici y senderito de la izquierda. Ningún problema. Incluso un biker foráneo me halaga diciéndome que lo he conducido muy bien por dicho sendero y me agradece el gesto deseándome suerte. En la parte diáfana que nos conduce hasta Villa Enriqueta veo que me adelanta Cesar, lo veo muy concentrado. Roberto hace lo propio en las vías del tren. Primer parón, a los pies de la placa en honor de D. Vicente Mora, por su colaboración en el mantenimiento y conservación del Camino Mozárabe. Puedo observar que no hay dorsales del color de los duatletas (verdes), ello me hace pensar que debo ser de los últimos, ¡que le vamos a hacer! Trozo de carretera y  cuesta Arrastraculos que la paso descabalgado, ¿Cuál es la razón? Pues el temor a que se me monten los cuádriceps y vaya toda la carrera con calambres. Así pues, ruego a los hermanos Arrastras que me perdonen este desliz, pero de todos es conocido que hasta que no pasan dos horas no encuentro mi golpe de pedal y que las cuestas al principio me matan, esa y no otra  es la razón, así pues pido mil perdones por no subirla montado, como hicieron todos los participantes del Club, animados por los gritos del numeroso público allí congregado, yo tuve que resignarme y pasar medio escondido, difuminado, ¡que pena!

En la primera separación entre duatletas y bikers, suenan gritos de ánimo con mi nombre, son Manuel Díaz, Jose Miguel y Conchi ¡que alegría! Mientras me voy acercando al cuartel me encuentro de frente a los duatletas corriendo, veo al Cónsul, a Pablo, deduzco que debo ir de los últimos. Efectivamente, mis temores se confirman, cuando llego al patio del cuartel está lleno de bicis. Mala señal. Tardo un buen rato en encontrar mi sitio, pues las pegatinas son pequeñas, hay muchas bicis y no se ven los huecos. He tardado 1 hora y 45 minutos.

Me cambio entero y salgo, me recuerdo mentalmente que mi meta en este segmento está en no parar de correr, aunque sea muy despacio. Nada más salir noto una sensación rara en las piernas, se me hacen pesadas, es como si se hubiera bajado toda la sangre a las piernas. Me calmo y me digo: JuanKa tranquilo, no te alteres, ya se pasará. Todo ello trotando muy despacio.

Efectivamente, poco a poco voy cogiendo velocidad, la zancada se alarga, la sangre retorna, “vuelvo a ser yo”. Tengo que decir que el terreno era blandito, entre hierba y tierra no demasiado dura, pero había que llevar la cabeza muy alta, mirando al frente pues podías equivocarte fácilmente con las cintas, escaseaban y a veces constituían un verdadero laberinto. Veo a dos voluntarios, conforme me acerco los identifico son Carlos Diz y Carlos Fernández. Me animan, incluso nos echamos una foto, desde esta crónica les doy gracias a los dos. Sigo, voy muy bien. He adelantado ya a algunos, cuando me doy cuenta de que sus caras me suenan, los había adelantado ya previamente, ¡vaya listillos! El circuito es en zigzag y se presta a ello. Oigo venir la bicis, miro y veo a Alberto y Miguel Angel, los veo muy enteros y bien. Tras pasar las vías del tren, dentro de la barriada del Muriano todo ello compartiendo el recorrido con las bicis, se llega al avituallamiento. Allí veo a Isma, hablamos de cómo vamos y al salir y culminada la pendiente me pasan Erik y Juan, me animan también. He de decir, que los bikers animan mucho a los corredores, el gran inconveniente es cuando se comparte con ellos los descensos, pues parece que te van a clavar el manillar en los riñones. Un biker me alarga una botella de agua, agradezco el gesto, pues tenía una sed terrible. Logro llegar hasta Pablo y su amigo Julian, con ellos el recorrido es más llevadero, pues vamos hablando y en compañía todo es más agradable. Llegamos al cuartel, segunda transición, he tardado 1 hora y 45 minutos, todo transcurre según lo previsto. Me vuelvo a cambiar enterito, hablo con mi bici que me está esperando, me pregunta: ¿ya estas aquí? Esta vez identifico enseguida mis pertenencias pues no hay muchas bicis (pero todavía hay algunas, que conste). Como algo en el avituallamiento y vámonos.

Al comenzar el tercer y último segmento recelaba un poco, pues no sabía cómo responderían las piernas tras la transición. En esta ocasión se notó el entrenamiento, pues había practicado bastante. Así, en mis entrenos, cuando terminaba de correr, subía a Asuan con la bici y esto me vino muy bien, pues la subida a los Villares por carretera, inmediatamente después de la segunda transición, se me dio estupendamente. Culmino la cuesta y en el rápido descenso veo a Fito, también me anima.

Rápido recorrido por los Villares para afrontar el camino paralelo a la carretera y, tras atravesar ésta, entramos en las instalaciones del club de golf con sus rápidos descensos que con su inercia te hacen subir las pocas cuestas. Casi sin querer estamos en el Torrente Joven, cuyo caudal, este año, no es abundante. Son sitios conocidos que desciendo sin problemas, pequeño tapón en las piedras y tras pasar el arroyo, alguien me ayuda a subir la bici tirando de la potencia. Es Manolo Sánchez, es como una aparición. Se interesa, me pregunta cómo voy, me ofrece geles, comida, este hombre es inmenso.

Nuevo tapón al afrontar el sendero, que me llevará al arroyo Lucas, esta vez el tapón es importante.  Como todos, pienso que es bastante indignante esto de los tapones, pues ni se busca, ni se anda, ni se descansa, ni se avitualla. Lo único aprovechable es la conversación con el de delante o el de detrás.

Salgo de allí y tras el tortuoso arroyo Lucas, al que los encargados del recorrido habían adecentado bastante, cortando el árbol que obstaculizaba el paso, accedemos a una gran pared que nos hizo a todos descabalgar. Recuerdo esta pared haberla bajado con Jose Miguel y el grupo, pero nunca haberla subido.

Tras unas vueltas y revueltas me encuentro inmerso en otro pequeño tapón al inicio del acceso a las Conejeras. Aquí veo a Manuel Díaz y Ana, me preguntan cómo voy y me dan un bote de magnesio que no beberé. Bajo las conejeras sin problemas, afronto un sendero nuevo, está bien, rápido y mi “26” se adapta perfectamente a sus vueltas y contra vueltas. El camino me deja en “Fuente Fría” esto lo conozco muy bien.

Tras coronar los Morales, empiezo el descenso, me encuentro a Pepe en la piedra gorda, me anima, bajo más rápido que otras veces. Permítanme un inciso. Pepe es un voluntario (como otros muchos, que aparecen en la presente) que le hubiera gustado correr la prueba, por diversas y mundanas vicisitudes no pudo ser, y decidió colaborar como voluntario, sacrificando el sábado familiar. Llevaba levantado desde las 7,00 horas, tras distribuir sus colaboradores a los largo de su tramo y salvar algunos inconvenientes, estuvo horas y horas en el mismo sitio, advirtiendo el peligro de la gran piedra e indicando la mejor trazada, arregló a un biker la cadena partida y sobre las 16 horas, cuando por fin pudo darle un bocado al bocadillo, lo llaman para un accidentado. Me cuenta que cuando llegó tenía un gran herida sangrante en la rodilla (adiós al bocadillo), consoló y tranquilizo al herido, lo retiró del sendero dejando expedito el paso, esperó con él hasta la llegada de los servicios médicos, que lo retiraron. Luego, con el cuerpo descompuesto, se volvió a su tramo para recoger basura.

  Bien, continuamos con la carrera y así, al llegar a la carretera me encuentro con Antonio Ballesteros que está indicando a todos la mejor manera de sortear el “escalón”. Este otro voluntario, me cuenta que ha tenido un día agitado,  tratando de advertir a los corredores el peligro del escalón. Dice que algunos, al verlo, frenaron enérgicamente, provocando con ello que el de atrás les embistiese, formándose una melé de corredores y bicis. Otros hicieron caso de sus indicaciones y lo pasaron por el lado. Otros no hicieron caso y por ello tuvo que atender a varios heridos por caída en ese punto, los tranquilizó, calmándolos, al parecer uno de ellos tenía seriamente afectada la cadera. Aquí en este punto quisiera destacar, más aún,  la labor de los voluntarios, que han sido lo mejor de la prueba, y así se constata en los comentarios de las redes sociales, pues han sido los más apreciados. Me dice Antonio que se le quedó grabado el gesto de los heridos, su mirada suplicante, agarrándose a él, dando gracias por la ayuda que le dispensaba, dejándose caer en sus brazos, siguiendo sus consejos en una obediencia provocada por el desvalimiento y lo atípico de la situación.

Que recuerdos al pasar por el “jardinito” cuantos sábados pedaleando por aquí. No puedo distraerme pues un “colega” se para en medio del sendero, no muy ancho, sin saber porque, casi lo cabalgo y a mí los que venían detrás. Paso del Hotel Maestre Escuela, aquí está el control del tiempo, lo paso sobrado. Descenso y nueva división entre duatletas y bikers. Se agradece, pues a estos los llevarán por el “Mirador de San José” y los pasaran por sitios preciosos de nuestra sierra, aunque esto les supondrá un esfuerzo notable, es por ello que agradezco las deferencias de la organización para con los duatletas, (salir 15 m. antes, y acortamientos en el recorrido), ya que en otras pruebas no existen tales deferencias.

Zigzagueo por las inmediaciones de la Palomera y estamos otra vez en el Barrio del Naranjo. Un foráneo me pregunta si le queda mucho para meta, le contesto: lo mismo que a mí. Se separó echando dos mil reniegos. Me reí. Veo a Miguel Ángel, que me indica por donde tengo que pasar, me alegro enormemente verlo. Sé que el próximo tramo es el de mi Nene, por el canal se ven los marchadores, van agotados, los animo, igual que me animaron los bikers en su momento. Extraño recorrido, la carrera entra en un trigal en el que la bici rebota enormemente, es difícil controlarla y encima se comparte el camino con los marchadores. Atravesamos un arroyo pestilente, tenemos que hacerlo a pie, descabalgados, pues hay un pequeño tapón y una rampa escurridiza, sufro algunas arcadas pues el olor y la textura del agua y el lodo son repugnantes. Al salir de allí, veo a mi hijo. Me informa que Pablo ha pasado hace 5 minutos, me pregunta cómo voy, le informo que voy de “cojones” y me lo ratifica diciendo “ya lo veo”.

El aire sopla de frente, vamos paralelos al rio, atravesando un asentamiento, es la “otra Córdoba” la de los otros Patios, de tierra y escombros, la de los jaramagos en vez de naranjos, la de casas de papel en vez de chalets, la Córdoba en la que brilla la uralita y no la Córdoba del Brillante. Hay que conocerlo todo. En eso estaba cuando se empiezan a oír los altavoces de meta, dejo pasar a Rafa y Sonsoles, que me habían tapado del aire, los veo llegar, se besan tras atravesar la meta. Bonito gesto.

Fueron casi 4.000 participantes, cada uno con su historia de suerte en general, por terminarla sano y salvo y de “mala pata” en particular, como la que tuvieron Paco López y Angel Leon, insignes Arrastraculos, que sufrieron los temidos pinchazos en sus máquinas, y que cayeron, como casi todos, en los dichosos atascos, acabaron coincidiendo y juntos terminaron la prueba. También tenemos que destacar el inmenso esfuerzo del joven Carlos, hermano de nuestro Erik, que corrió la Guzmán en la modalidad de Trail-Runing, marchadores para entendernos, quedando 3º de su categoría, la de “promesas”.

Tras atravesar meta, después de tan titánico esfuerzo, echo de menos algún presente, una medalla, un pequeño recuerdo,… nada, no hay nada. Ni siquiera una botella del refresco de moda ofrecido por una bella señorita de sonrisa forzada, ¡nada de nada! Consigo una botella de agua. Con mi sobrino el “Cónsul” tras contarnos brevemente las incidencias, nos dirigimos a comer. Imposible, las colas son inmensas. Recogimos la ropa del duatlón y nos volvimos a casa, en silencio, pedaleando cansinamente, volviendo a ver los monumentos que esta mañana nos despidieron, poblados de turistas con sus dispositivos haciendo fotos, todo vuelve a ser normal. Aquí no ha pasado nada.

Mientras descansamos y nos duchamos, los voluntarios siguen trabajando, indicando trazadas. Enrique, encargado de la furgoneta ha hecho más de 280 km, recogiendo heridos, consolándolos mientras los lleva al punto acordado. Los que están terminando, recogen la basura de sus recorridos, me confiesan que es inimaginable los restos y basura que dejamos los participantes, y digo dejamos porque de algún sitio debe salir, ya que todos negamos tirar cosas. Los de las bicis-escoba van completando su tedioso recorrido, ingrata labor, pero necesaria.

Pasados unos días después de la prueba, tras muchas esperas, engaños e incidencias, retransmiten en Teledeporte un resumen de la Guzmán. Todos estamos a la expectativa, lo vemos con ahínco, nos comemos la pantalla con los ojos, llamamos a todos nuestros familiares que se congregan alrededor del televisor. Que gran decepción, no hemos salido en ninguna toma, aunque tampoco han salido los tapones, ni el asentamiento, ni el trigal, solo han salido los primeros, los “vedettes” de la carrera y sin embargo la hemos sustentado unos 4.000 participantes y sobre todo los anónimos y abnegados voluntarios sin los cuales no hubiera sido posible llevarla a cabo.

En la vida, también la realidad no es como nos la muestran.

JUANKA

Arrastraculero de pro y orgulloso de serlo. Gracias a todos los que han colaborado en la presente crónica, enviándome sus experiencias, o bien contándomelas. Con mayor o menor acierto he tratado de insertar sus vivencias en la presente. Gracias.

Dedico la presente a todos los que han participado en la Guzmán como corredores, pues leyéndola puede que se les avive el recuerdo de lo bien vivido. También la dedico, y de forma muy especial, a todos los voluntarios que participaron en la misma, pues animaron a los corredores, sus gritos de ánimo insuflan vida al corredor. Consolaron, cuidaron y curaron a los heridos y lesionados. También ayudaron con su técnica a los averiados. A todos ellos GRACIAS

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