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“La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo” Cap. IV de El Quijote.

                Nadie la quería, aquel sábado dia 31 de enero, cuando se ya se vislumbraba que el Grupo no podía ir a la marcha de Almodovar, surgió la idea. Llame al Presi proponiéndole en su lugar algo novedoso; una versión invernal de la ruta de la Berrea. Reproducir el recorrido de aquella multitudinaria marcha que un día se hizo y no pude disfrutar debido a la tensión, al desconocimiento de los participantes, al cúmulo de despropósitos y a otros muchos factores. Sabía que esta vez sería diferente, iría con los míos. El Presi aceptó la idea, llame a nuestro Consul en la Mancha (Alfonso) me dio el OK. Acordamos el clásico recorrido deportivo-cultural manchego, no haría falta pedir permisos, aunque sí preguntar en el ayuntamiento de Fuencaliente si había monterías señaladas para esa fecha y en la zona por donde iba a discurrir la salida.

Se abrió la lista, y aquí empezó todo.

                No era fácil, había factores adversos; no contaba con mucho tiempo, algo menos de una semana. Aparecieron inconvenientes; los pronósticos del tiempo anunciaban frio intenso. No obstante, deje el tiempo correr esperando que algo mejorara. Miraba la página para ver los inscritos, echaba cuentas de los coches y del transporte, no me salían las cuentas. El tiempo empeoraba, se preveían temperaturas de -5 grados, la gente no se animaba, las gripes, sus secuelas, los enfriamientos rondaban los componentes del grupo.

                Con la intención de animar al personal escribí algunas cosillas para describir la ruta, para ilustrar a los participantes por donde íbamos a ir y qué íbamos a ver.

                El jueves dia 4 de febrero, hablo con el Consul, me dice que le ha gustado mucho la descripción pero que se prevén para el domingo temperaturas de -5º en el lugar y que el rio Montoro, el cual hay que atravesar, lleva caudal. Al día siguiente, envía unas fotos en las que se ve que el agua llega al eje de la rueda del todoterreno. Las cosas empeoran. La gente no se anima, miro y remiro la lista. Por circunstancias de la vida familiar no puedo disponer de mi coche, dependo de los demás.

Sigo haciendo cuentas y siguen sin salirme, no hay coches. Pienso que siempre existe la posibilidad de alquilar. Juan Gomez y Rodolfo, que en principio iban a venir, anuncian que no vienen. La cosa se complica. Empiezo a hacer llamadas, Ballesteros me insiste en que viene, eso me consuela. Manuel Sanchez, me dice que no hay tiempo para alquilar vehículos, le digo que lo vamos a lograr, que vamos a ir, trato de animarlo, pero en el fondo sé que la empresa está difícil.

El sábado sigue haciendo frio. Logro hablar con Tomas que me confirma su asistencia y que podemos contar con su coche. ¡Bien!. Sobre las 14,00 horas, Luis Cots, anuncia que viene y que pone su coche a nuestra disposición. Ya está. Solucionado. Gracias.

Por la tarde, me pongo en contacto con el Consul, le confirmo nuestra asistencia, quedamos a las 9,00 en llano de los quejigos, al pie del puerto de Niefla, pasado el rio Montoro. Le advierto que vamos 11 y allí quedamos, confirmándome que va a hacer un frio de “cojones” y en broma me dice que no llevemos manga corta.

Puntualidad suiza (europea) para la salida. Frio intenso en la madrugada de Córdoba, que nada tiene que ver con lo que nos encontraremos en el sur de la Mancha. Paramos a recoger a Julio en Montoro y nos guía hasta el único bar abierto, donde tomamos un suculento desayuno y saludamos al equipo médico de guardia del lugar, los cuales nos dicen que conocen a Ismael y a Manuel Parra.

Llegando a Cardeña se nota que la carretera está helada. Por la travesía de Fuencaliente y la subida al puerto de Valderrepisa, el piso está blanco, hay que extremar el cuidado con el coche. Al pasar por el rio Montoro, me fijo en su caudal y veo que lleva agua pero no en exceso.

Llegamos al llano de los quejigos, donde nos espera el Consul. Desde aquí le pido excusas por la tardanza, la culpa fue del desayuno, en fin… Bajamos y notamos el frio, 3º bajo cero. El Consul nos asegura, que hace media hora, cuando él llegó hacía 5º bajo cero.

Saludos, descargamos y armamos las bicis, fotos de rigor y vamos alla.

Atravesamos la llanura de quejigos y robles. El agua de los charcos está helada, nos divertimos rompiéndolos. Bromeamos riéndonos de los males que se podrían curar con baños de agua a esa temperatura. Entre bromas y risas llegamos al pie del puerto de Minas del Horcajo. Lo primero que vemos es muchos buitres rondando por allí. Tras algunas conjeturas, parece ser que echan por allí los desechos de las monterías y los animales acuden en busca de comida. En la subida, fácil, Tomas tiene un pequeño problema mecánico, que rápidamente es solucionado por Roberto, que demuestra su pericia y conocimiento de la mecánica. Foto clásica con el trazado del AVE al fondo, atravesando el llano y perdiéndose entre las montañas. Reagrupados y coronado el puerto acometemos la bajada que la interrumpimos para contemplar el Monumento que señala el triste acontecimiento de los niños muertos en extrañas circunstancias.

Como todo extraño suceso, nada está claro, lo que si es evidente es que en 1901 se produjo la muerte de tres niños de la aldea de Minas del Horcajo. ¿Qué pasó? ¿Cómo murieron? Nadie lo sabe, ni nadie quiere saberlo. El caso es que el lugar inquieta y es sobrecogedor pensar que sus almas no descansen y vaguen por el valle y sus entornos pidiendo venganza. Las gentes de la aldea, cuando se les pregunta por el suceso agachan la cabeza y miran al horizonte, continuando su camino, para luego echar la vista atrás y alzando la frente elevar una oración mirando la tumba que guarda sus restos.

Continuamos la bajada pasamos por el cementerio de la aldea, donde descansan los restos de los mineros que dejaron allí sus vidas, arrancando el mineral de las entrañas de la tierra. Entramos en la aldea y nos recibe un centro de visitantes. Allí rezan las explicaciones de donde se está y que se ve. Minas del Horcajo, los actuales restos denotan el abolengo que en otros tiempos tuvo el poblado. De las entrañas de esas tierras se extraía galena, perteneciendo su explotación a la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya, hasta que la producción fue decreciendo y despoblándose la zona. Posteriormente sirvió para acoger a las familias de guardas y pastores de la finca La Garganta, mayor latifundio de España. Actualmente, quedan restos del poblado minero y algunas casas habitadas, se reconoce su iglesia y se mantienen algunos restos de las torres de extracción. Desde el centro de visitantes hay curiosas vistas sobre el trazado del AVE. Al otro lado, ya en la finca La Garganta, se conserva en muy buen estado, un viaducto sobre el que circulaba el FEVE (ferrocarril de vía estrecha)

Atravesamos el poblado pasando por debajo de las ruinas de su iglesia, de las torretas de extracción del mineral y siempre a nuestra vera el trazado del AVE. De pronto nos encontramos con la entrada al túnel del FEVE .Se trata de un túnel de 1 km y 200 metros. Está iluminado por sensores aunque la visibilidad es pésima. Entre lo tenue de la luz, las paredes de piedra tan cercanas a nosotros, la escasa visibilidad, el eco de las voces, la corriente de aire frio, hacen como si nos adentráramos en las entrañas de un animal colosal. Estando dentro del túnel, es inevitable pensar en el extraño suceso de los niños, y que sus almas anden vagando por el mismo. También podemos imaginar que estamos en el acceso de un refugio de la II Guerra Mundial.

Salimos a la vida, delante nuestra se halla la segunda dificultad de la salida. Un puerto fácil de subir, sin gran desnivel, flanqueado por pinos de repoblación. Vemos también, muy cercana a nosotros, una colonia de bruitres, entre los que se encuentra algún ejemplar de buitre negro. Al parecer y según nuestros expertos naturistas, las rapaces esperan que se mitigue el frio para poder remontar su vuelo con las corrientes cálidas.

Coronamos el puerto y ante nosotros aparece el Valle de Alcudia. Sembrado de encinas, paraíso de la oveja merina, espectáculo inmenso en este domingo 8 de febrero, frio pero claro, con un sol radiante, la cara está fría, el cuerpo nos arde.

Bajada por tierra helada, las ruedas suenan como si fueran entre papeles, curiosa sensación. Con los charcos hay que extremar el cuidado. Así llegamos al pie del puerto donde nos encontramos con la llamada “Venta de la Ines”.

Merece especial atención recrearnos en este lugar. No podemos olvidar que estamos en el Camino Real de la Plata, una vía que unía la sede de la Corte (Toledo) con Sevilla y a través de la misma, aparte de circular por ella nobles, caminantes, arrieros, peregrinos, pastores, rebaños,…también se transportaba el oro y las riquezas provenientes del Nuevo Mundo y que nuestras “naos” depositaban en el puerto de Sevilla. El camino estaba jalonado por numerosas “ventas” (Venta del Molinillo, Venta Tejada, Venta del Alcaide). Estas ventas constituían posadas rurales y fueron paso y posada de innumerables viajeros a lo largo de los siglos, siendo un caminante de excepción D. Miguel de Cervantes Saavedra, que en sus viajes de Castilla a Andalucía debió recorrer este camino en repetidas ocasiones y hospedarse en las “ventas” como esta que se presenta ante nosotros. Es por ello que en la obra cervantina, las Ventas cobran especial importancia, prueba de ello me permito trascribir un trozo de Rinconete y Cortadillo en el que se alude a la Venta del Alcalde (antiguo nombre de la actual Venta de la Ines) A esta sazón, pasaron acaso por el camino una tropa de caminantes a caballo, que iban a sestear a la venta del Alcalde, que está media legua más adelante, los cuales viendo la pendencia del arriero con los dos muchachos, los apaciguaron y les dijeron que si acaso iban a Sevilla, que se viniesen con ellos”  Este fragmento pertenece a Rinconete y Cortadillo que os recuerdo, trata de las peripecias del viaje a Sevilla de los pícaros Rincón y Cortado, dentro de las Novelas Ejemplares.

Al detenernos, y estando inmortalizando nuestra presencia ante la fachada de la Venta y su placa ilustrativa, oímos como se descorre el cerrojo de la puerta y aparece un anciano entrañable, Felipe. Tras alegrase con nuestra presencia, enseguida nos cuenta la historia de la Venta, el porqué de su nombre, nos dice que nació en 1930 y nos invita a pasar. Dentro nos parece increíble el lugar, es como hubiéramos retrocedido 70 años, es como entrar en el mundo que nos describe Delibes en los Santos Inocentes. Un pasillo central empedrado, flanqueado por habitaciones a los lados, da acceso al cuerpo principal de la casa, donde está la chimenea. Sobre el fuego, las trébedes sostienen un cazo de agua. Al lado de la lumbre, sobre un banco, está la hija de Felipe que nos advierte que está inválida. Felipe tiene una increíble memoria, nos narra historias y chascarrillos del valle, a la vez que nos invita a firmar en el libro de visitantes.

Informamos a Felipe que tenemos que irnos, él comprende y, con pesar, nos autoriza a partir. Abandonamos el lugar pensativos, comentamos entre nosotros que lo de Felipe, su hija, el lugar, es la viva imagen de la España profunda, nos recuerda a la obra de Delibes “Los Santos inocentes” comentamos también que Felipe debe ser feliz, que hasta ahora está cumpliendo su cometido; mantener la Venta abierta a los … Nos preguntamos: ¿Qué será de este lugar, que será de la Venta la Inés cuando falte Felipe? Es por ello que hay que hacer recorridos como este, visitar lugares y personas como estas, ya que puede que estos momentos sean únicos e irrepetibles, que no haya más “Felipes” para mantener vivos los lugares y tradiciones y por ello se pierdan para siempre.

Sin darnos cuenta y tras atravesar el trazado del AVE, nos  encontramos atravesando un barrizal. Es dificultosa la marcha, la bici se va de un lado a otro. Recuerdo que en tiempos de otoño, en este mismo lugar, nuestro Paco Lopez, se echó cuerpo a tierra para fotografiar las flores de azafrán silvestre que por aquí proliferan, unas bellas fotos que ya forman parte del patrimonio inmaterial del Club.

Atravesamos la carretera que va a Puertollano, a nuestra derecha queda el colosal puerto de Niefla, a la izquierda una enorme recta que se adentra en el puerto El Pulido, enfrente tenemos el centro de visitantes del Valle de Alcudia, nos adentramos en los conocidos vericuetos, entre vacas y ovejas que nos miran extrañadas, de pronto, aparece ante nosotros un magnífico ejemplar de quercus ilex. Este ejemplar está dentro del catálogo de árboles singulares de España y aunque está cada vez mas decrépito, en sus tiempos bajo su copa podían refugiarse mil ovejas, lo que le da el nombre de “La encina de las mil ovejas”. Los presentes nos hacemos fotos con el árbol tras nosotros, lo miramos y admiramos, nos abrazamos a su tronco. Bajo su sombra reponemos fuerzas. Nos queda aún la mitad del camino.

Llaneamos por pistas en buen estado a través del Valle de Alcudia, vamos cogiendo una buena velocidad, el cuerpo se ha calentado y acostumbrado al esfuerzo, es el mejor momento y lo aprovechamos. Sin notarlo nos hemos puesto al pie del puerto de Ventillas. Un puerto duro, de rampas exigentes, sin decir nombres hace descabalgar a algunos. Otros sin embargo, haciendo un alarde de preparación, tras coronarlo, bajan y se ponen a la par de los que más les cuesta subir, infundiéndoles ánimo. Tras su coronación y a pesar de la hora, 13,30 y la altura del sol, hace un aire frio que no nos deja estar mucho tiempo parados. Así pues, iniciamos la bajada. Luis pincha, lo auxiliamos, seguimos y nos encontramos con el rio Montoro. Para nuestro alivio, aunque es ancho, no lleva mucho caudal, de tal manera que se puede pasar poniendo piedras. No obstante, claro está, la mayoría nos mojamos los pies. Llegados a la aldea de Ventillas algunos juguetean con la manguera del agua, bromas y risas propias de un ambiente distendido.

Abandonamos la Aldea y nos adentramos en la pista de otras veces ya transcurrida, la que discurre entre Fuencaliente y Solana del Pino. Con alguna que otra dificultad llegamos a la conocida Fuente del Almirez que lógicamente es fotografiada. Tras ascender los 500 metros que nos separan de la carretera, el resto hasta los vehículos es una bajada que propicia los piques deportivos entre los hermanos.

Llegados a los coches y con el relajo propio de la hazaña concluida, Demetrio y Roberto nos sorprenden con cerveza fresca. Detalle que se agradece. Cambiados de ropa y con las bicis instaladas nos marchamos para nuestro bar, en el cual pudimos comprobar que con el nuevo año los precios habían subido, cierto es que la carta había variado (ya era hora). En fin, bromas risas y recopilación de anécdotas para volver a casa con la cara colorada del frio pero con el ánimo caliente, deseando ver a los nuestros para contarles lo visto y vivido.

“Si tu vales, bene est, ego valeo”

Si tu estas bien, bien, yo también (epístolas que desde su exilio Cicerón escribía a Terencia, su mujer)

JUANKA

 

Arrastraculos de pro y orgulloso de serlo.

Este artículo está dedicado a aquellos que desafiando el frio y los inconvenientes se atrevieron a surcar con sus rocinantes de acero las estribaciones de Sierra Morena.

Para aquellos “espartanos” en ese domingo 8 de febrero de 2015 anduvieron por los mismos caminos que en otros tiempos surcaron trúhanes, picaros, caballeros, soldadesca, escribanos, escritores, pajes, reyes… y las tartanas y carruajes que llevaron el oro a la Corte. GRACIAS  a todos ellos, pues cada uno colaboró a su manera y en sus posibilidades a que fuera posible tan gran día.

Para los que no pudieron ir, para que sientan regozo con su lectura. También decirles que pronto volveremos para que puedan vivir lo que hoy leen.

Para aquellos que no quisieron venir…… no, a esos no se lo dedico.

Finalmente para nuestro Consul manchego, Alfonso, gran conocedor de las sierras y parajes manchegos, siempre dispuesto a guiar a este grupo de hermanos Arrastraculeros, que al menos una vez al año, nos ponemos en sus manos y nos dejamos llevar por los trazados y vericuetos que él ha diseñado y preparado para nosotros.

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