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Nunca podría imaginar que la decisión tomada en aquella tarde de tedio me iba a solucionar en gran manera el entretenimiento estival.

En esa época la televisión está entretenida, encierros por la mañana, Tour por la tarde, los últimos partidos del Mundial por la noche, ello atempera el calor, no obstante, es una época del año en la que parece como si los problemas se multiplicaran, el calor agobia, el estrés se acentúa, no se descansa bien, el cuerpo está muy agotado, se ansía la llegada de las vacaciones.

En una de esas tardes, inconscientemente y sin pensarlo, eche 30 euros al bolsillo y fui a visitar a Manolo Sanchez. Hablamos, con esa sencillez que tienen las personas transparentes y claras como él, recuerdo todavía cuando me dijo; llévate el foco, que te vas a alegrar. Me dio unas breves instrucciones y tras algunas bromas en el wasap sobre la “luz verde” del cargador, el invento estaba listo para usar. Me dije; el próximo martes salgo por la noche.

Equiparable a las primeras veces que uno sale con el grupo en bici, así me sentía y así me presenté en el lugar de encuentro, nuestra “buti”.Todo era distinto, el sol no estaba en el mismo lugar que por las mañanas de los sábados, las sombras tenían una proyección diferente, hace mucho mas calor, hay mas gente por la calle, todo es nuevo, distinto, diferente. Lo que no cambian son las personas, allí estaban, vestidos de verde, mis amigos, nada importa quienes ni cuantos, son hermanos arrastraculos y algún agregado. Abrazos, saludos, admirar las nuevas máquinas, mirar los accesorios nocturnos. Nos vamos.

Nada mas salir, compruebo que es el bueno de Manuel Sánchez el que lleva la “voz cantante” de estas salidas nocturnas, hilo con el pensamiento que ha puesto en el wasap un cartel expresamente para estas rutas, que “tío”. Observo que el comienzo es mucho mas relajado que el de las salidas matutinas, hablamos, reímos, decimos algún improperio, vamos juntos y nada mas pisar el campo se cierne sobre el grupo una nube de polvo, fruto de la sequedad del terreno, aunque no molesta en exceso.

Me impaciento por probar la luz, pero todavía hay claridad. El hecho de ir mas despacio y en grupo, propicia la conversación, las bromas, las risas, se va mas relajado, aunque sin descuidar la atención en la conducción.

Pregunto la hora, me contestan que son las 22,00 la oscuridad se expande por el campo, los compañeros empiezan a encender la luz yo los imito. La sensación es rara, parece como que sin luz viera mejor, Manolo consuela mi pesar diciéndome que en noche cerrada irá mejor. Así lo espero.

A propósito me retraso y pedaleo solo, con la única compañía de la luna, las sensaciones son excitantes, el solo ruido de las ruedas y la única compañía de la noche, las sombras van y vienen, se mueven creando fantásticas formas que se ciernen a mi paso, el haz de luz se mezcla con el polvo en suspensión en una especie de cilindro luminoso que muere unos metros mas adelante.Aparecen las luces de los compañeros, están en una pequeña loma.

Llego hasta mis amigos y ante mis ojos aparece un espectáculo difícil de describir: la ciudad iluminada. Todos apagamos las luces, la visión es subliminal. Un mar de luces tintineantes que se expande dentro de un inmenso horizonte negro, unas fijas, otras móviles, se me representan a veces como demonios en el infierno, a veces como ángeles en el cielo dependiendo de cómo se miren. De pronto alguien señala hacia arriba, la bóveda celestial nos exhibe sus constelaciones con toda claridad. Que maravilla. La temperatura es agradable, fresca, nada que ver con la que se soporta allí abajo, en el mar de luces, huele a ozono. Con todo ello, da pena bajarse, uno no quiere regresar, quiero seguir pedaleando en este entorno y con esta temperatura.

Emprendemos de nuevo la marcha, el pedaleo en la noche es mas osado, la sensación de peligro disminuye, uno se vuelve mas atrevido, hace cosas o pasa por sitios que a la luz del díasería impensable hacer o pasar. En los llanos y carriles, cuando se coge algo de velocidad fruto de la confianza, es divertido, la vista está puesta en el punto de luz, la atención es máxima, las luces de los otros bikers se cruzan con la propia, creando un espectáculo multicolor.

En una parada echamos la vista atrás, la sierra está poblada de luces que van y vienen, algunas se acercan otras se alejan, formando una especie de enjambre de luciérnagas.

Al volver, poco a poco la ciudad nos engulle. Llegamos al Chin, maravilloso ambiente en la plaza. Allí nos damos cita los hermanos-as de esta gran familia que son los ciclistas, se bebe de una forma sana, se comentan los incidentes, se saluda a los conocidos, por unos momentos se es feliz.

Al volver, mientras se dan la últimas pedaladas de regreso, se recuerdan las escenas vividas, las sombras, las luces, la compañía y ello provoca que se nos dibuje una enorme sonrisa.

Vuestro Juanka.- Arrastraculero de pro, orgulloso de serlo.

NOTA.- Gracias Manuel Sanchez, nunca 30 euros fueron tan bien invertidos, todo ello gracias a tus recomendaciones. Te has echado a la espalda la organización, coordinación y diseño de rutas de la noches, nadie te lo ha pedido, nada se ha resuelto en juntas directivas ni asambleas, nada se ha votado, sin embargo, ahí está. Gracias.

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