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Es innegable que en la mente de todo ciclista, corredor y en general de toda persona que le guste el deporte, está grabada con fuego y sangre la fecha del 22 de marzo de 2014. Es el día de nuestra prueba. Vamos muchos fines de semana a múltiples lugares en busca de retos, de pruebas, hablamos de ellas, las recordamos por algo o alguien, pero la Guzman no deja de ser “la nuestra”.

Los mayores recordarán aquella primera edición Cordoba-Montilla, en homenaje al Gran Capitan, recuerdo que los dorsales se recogían en el Gobierno Militar, era una marcha popular, se corrió en octubre, no había grandes formalismos ni formulismos para la inscripción, disfrutamos todos, fué mi primera participación en pruebas competitivas de MTB. En las restantes ediciones no se ha dejado de participar, ahora bien, es de reconocer que últimamente se denostaba el recorrido, por absurdas razones se ocultaba el trazado, en numerosos tramos se hacía impracticable, esto provocó que los deportistas populares medios, los mas numerosos, nosotros, relegáramos la participación en la “nuestra” prueba, corriendo cada vez menos gente.

 

En ésta X edición, por diversas razones, esto cambió, el encargado de trazar el recorrido de la prueba es Jose Miguel Guerrero, con la inestimable colaboración de su hijo Pepe. Ello provocó una enorme expectación, se difundió la novedad, todo el mundo alababa el cambio, esperaba el resultado.

Conocemos a Jose Miguel, persona seria, responsable, con gran sentido del deber y sobre todo que es ciclista, y además conoce la sierra de Córdoba palmo a palmo. Por otra parte, es socio directivo de nuestro Club, por lo que sabe y conoce también las inquietudes de todo practicante de MTB, sabe y conoce las críticas a anteriores recorridos, los defectos de su diseño. Ahora bien, a pesar de sus cualidades y aptitudes esto no es fácil, cuantas noches de insomnio hay tras la preparación del recorrido de la X Guzmán, cuanta inquietud ante el resultado, cuanta preocupación, cuantos viajes, cuantos pasitos, cuantas palabras, cuantos repasos al trazado, cuantas entrevistas con los voluntarios…solo él lo sabe. Así ha salido y así se ha hablado. Calificativos de maravilloso, perfecto, parece otro, el mejor de todas las ediciones, y sobre todo accesible a todos, sin grandes problemas, con dificultad pero sin peligro. Bonito. Con este recorrido cualquier participante foráneo ha podido tomar dimensión y conocer nuestra sierra y su entorno.

Hecho el trazado y conocido por todos, las máquinas estaban puestas a punto dos días antes, los corredores habían hecho sus deberes previamente, cada uno buscaba su meta particular, unos testar los resultados del entrenamiento efectuado, otros comprobar su forma ante el resto de temporada, los mas realizar con dignidad la dura prueba sin sufrir demasiado. Ya el día anterior se había organizado la logística, se habían recogido bastantes dorsales, se habían subido los coches, los que hacíamos la prueba en modo Trail recogimos los dorsales en el Vial Norte, coincidiendo con conocidos, saludando a amigos, hablando, en Córdoba se respiraba DEPORTE.

La noche, para mí, como para todos fue inquieta, vueltas y más vueltas, en un constante duermevela, en un repaso continuo al material, se dibuja mentalmente el recorrido, sus puntos negros, una y otra vez. De pronto, cuando logramos dormirnos, nos sorprende el pitido del despertador. Un hormigueo nos recorre el estómago, seguimos el ritual de siempre, agua, café, evacuación, desayuno y vestirse. Nuevo repaso mental al equipo y ahora a cargarlo. El fresco matinal nos acaba de despertar, no hace sol, no llueve, hace fresco, ideal para la práctica del ciclismo. El pedaleo hasta el punto de encuentro es grácil, parece que uno flota, que está en una nube, saludos y abrazos a los demás compañeros y partida del grupo hasta el cajón de salida. Llego al punto de salida, soy JuanKa éste relator y allí los veo, veo a los míos, los verdes, los Arrastraculos, todos juntos, con sus máquinas relucientes, inquietos, concentrados, conjurados. Vienen a la mente de este escribano el recuerdo de los malos momentos pasados, lo problemas surgidos y de como, entre todos, los hemos superado, lo cual nos ha hecho crecer como personas y como Club, ahora estamos juntos, unidos, conjurados contra todo. Está con nosotros Manuel Diaz y su familia, compartiendo esos momentos con todos nosotros, pues son de los nuestros. David, el Nene, también se pasea inquieto, va y viene, saluda a unos y a otros, ofreciendo su ayuda. Veo a la “sobri” va vestida de Arrastraculos.

9,40 horas, corte de cinta, fotos de nuestros “bien pagados” y salida, rezo mentalmente para que todo les vaya bien. Espectáculo de colorido y movimiento, ruido de anclajes en los pedales y rodar de cadenas. De forma inmediata, sin quererlo me encuentro el primero en el cajón de salida, de tal manera que veo en primera línea la pantomima de las fotos oficiales, del corte de cinta, del paseo de los “bien pagados”. Salida y a correr.

En menos de media hora la sierra de Córdoba se llena de atletas, deportistas, que corren o ruedan como si fueran leucocitos atreves de sus venas y arterias, que son los senderos y caminos de nuestras montañas. Gente animando, ayudando. Ríos de colores y alegría en una especie de bacanal deportiva.

“Sangre, sudor y lágrimas” ofrecía Churchil a los ingleses en la segunda guerra mundial. En la X Guzman, tanto ciclistas como corredores, riegan los senderos y caminos de la sierra cordobesa con su sudor, con algunas gotas de sangre y con lágrimas, en unas ocasiones de dolor, en otras de emoción y alegría. Dolor como el que sintió Pepe en su rodilla al paso del km 50, cuando mejor iba. Indignación y resignación como la de Luis Cots, en el que se cebó esta vez la mala suerte en forma de averías continuas. Rebeldía la de Paco Lopez, cuando un ignorante espectador le reprochó no subir montado la Arrastraculos “ten, súbela tu” le respondió con bravura. Bravo por Erik, tiempazo con todos los inconvenientes del esfuerzo, llegó con llagas sangrantes en los pezones, estilo la película “Un hombre llamado Caballo”, contento y animoso como siempre. También llegaron sin incidencias los hermanos Jua ny David. Gran carrera de Paco Molina, supuso un gran test a su forma física, sacando sobresaliente en el examen, demostrando a todos que el esfuerzo y el entrenamiento da sus resultados, perece mentira lo de este chico, no hace más de dos años que llegó al Club, casi no sabía montar en bici, recuerdo todavía algunas anécdotas y bromas con él. No olvidemos que es su primera Guzman y mirad el resultado, es el exponente de que con sacrificio, constancia y esfuerzo se consigue casi todo, felicidades Paco. Admirable también lo de Antonio Ballesteros, en esa especie de “inversión generacional” que le hace ir y estar mejor a medida que se hace mayor, ejemplo a seguir por todos, está siempre a la altura de los mejores y no es ya un chaval, aunque lo parece. No tiene nombre lo de Pablo Navarro, nuestro Pablo, en lo personal; sencillo y natural y siempre está ahí cuando lo necesitas. Magnifico profesional, dispuesto, entregado, servicial. En lo deportivo, incalificable, como decía antes, ha sido el primero de los nuestros, ha tenido premio, es el modelo a seguir, es la expresión de la fórmula del aprovechamiento del tiempo, trabaja, se divierte, atiende a su familia, y encima va como un tiro. La “Sobri” ha despertado otra vez al mundo del ciclismo, está volviendo a sus orígenes, aunque no descuida sus escaladas y ascensiones a las grandes cimas del mundo (en junio se va Pakistan-Nepal para ascender un 8.000), llegó 3ª de su categoría, aunque como siempre, la mala suerte se cebó en ella al cometer la organización un error, subiendo al pidió la que fue 4ª. Javi Pascual, que decir de él, en su línea me comentó con esa sencillez que le caracteriza. Este hombre no sé como lo hace para poder llegar de los primeros sin apenas salir con la bici, la condición y aptitud física de Javi es envidiable. La sincera sonrisa de Victor te alegra el día, te da ánimos. Cuando pedaleas o corres a su lado se minimiza el esfuerzo, se hace mas llevadero, pero cuando dice allí voy, allí va, dentro de él hay la fuerza de un caballo desbocado, todos sabemos que si quisiera, por edad, condición, forma y aptitud nos pondría ante sus pies deportivamente, pero es sencillo, natural, solo quiere divertirse con sus amigos, estar con nosotros, pedalear a nuestro lado. Sé que Deme, Robertito, el Profeta Ismael, el primo Julio, el niño Jesus, mi amigo Angel, realizaron la prueba acabando cada uno en sus tiempos, pero acabando, no tengo noticias de ningún incidente sufrido por ellos o sus monturas.

Alberto, Miguel Angel, Rodolfo, Carlos, colaboraron animando a todos, indicando la ruta a seguir y sé la especial energía que transmitieron a los nuestros. Manuel Sanchez, Carlitos Cañas y Manuel Parra, a los que se unió el Canario, tuvieron la santa paciencia de hacer la prueba como “escobas de la prueba” trabajo ingrato, aunque necesario y útil, pues ayudaron en las averías, animaron a los rezagados, genial idea que no en todas las prueba los hay. : Gracias a todos.

Pepe me dijo: “durante la prueba, arrastrate si quieres, pero la cuesta Arrastraculos súbela corriendo”. Pienso que el clima del dia 22 ayudó a los que hacíamos Trail (Miguel Puertas, Kike, Conchi y este pobre relator). Por qué hice la carrera en trail? La verdad es que no lo sé muy bien, puede que la culpa la tenga el querer experimentar la sensación de libertad que se siente al correr por el monte, puede que la cause sea el querer alternar algo con la bici, para no caer en el hastío. En todo caso, no me arrepiento de haberlo hecho así. Inicio con sube y baja constante, mas sube que baja, hasta el comienzo de las piedras del Reventón, alegría por conocer el terreno, pues hasta ahora había sido inédito. Francis de los Fantasmas y David El Nene, me esperan en el desvío para la cuesta de los pobres, llueve débilmente, la estrechez del sendero y el desnivel de la cuesta, nos pone en fila de a uno. Vuelo entre las Ermitas y Asuan, allí me esperan los ánimos de mi Nene y la familia de Victor; nuestros incondicionales Manuel, Guille y Ana. Sé que durante el recorrido no voy a poder contar con los ánimos de nuestros voluntarios, por ello es doble el efecto de su afecto, sus ánimos en esos momentos son los únicos que me van a poder empujar hasta el final, es por ello que son ánimos fuertes, sinceros, que me insuflan un viento de popa que me ayudará para llegar. La bajada por la Traición estaba realmente peligrosa, las piedras se escurrían enormemente, estuve “apuntito” en dos ocasiones, no podía controlar los tobillos, pero la pasé. Al final de la cuesta la luz. Allí me esperaba Sonia y Valerie (una sobrina de Francia). Sus besos y ánimos me reconfortaron el sufrimiento pasado. Sigo por un camino de todos conocido, subes y bajas, sensación de libertad. He de decir que en algunos repechos inéditos casi se lame el suelo, mientras los subes se oye la fuerte respiración de los corredores, las imprecaciones por las caídas, deslizamientos y por lo accidentado del terreno. Al final miras hacia atrás y ves un rio multicolor gateando, agarrándose a lo que encuentren, escurriéndose y te parece mentira que eso lo hayas subido tú. Por el arroyo Pedroches, nos juntamos con los ciclistas. Las fuerzas van abandonando en la Loma de los Escalones, de tal manera que tengo que dejar de correr y comienzo a andar algunos tramos, lo cual aprovecho para observar a los ciclistas. Se distingue perfectamente cuales son de la larga y los de la corta. Finos, fibrosos, hábiles los de la larga. Algo fondones, torpes y peligrosos en el rodar, los de la corta. Alguno casi me clava el manillar en los riñones. Veo caídas de principiantes, al no saber manejar los pedales automáticos, me sonrío. Atravieso la carretera, paso los contendores y oigo el rugir de la gente en nuestra Cuesta. Rememoro las palabras de Pepe, reservo algo de fuerza, inspiro y comienzo a correr. Estoy solo, sin ciclistas ni corredores, los ánimos y las palmas son constantes, las voces son ensordecedoras, es un pasillo humano de ánimo, calor y reconocimiento que me hace seguir. Elevo los brazos, tiro besos, hago locuras, no soy yo, la culmino finalmente. Ando unos metros y aterrizo en la realidad, no puedo mas. Me recupero un poco y sigo corriendo a pasos cortos hasta meta, paro el reloj 4 horas y 23 minutos, no sé si esta bien o mal, pero está, doy gracias a Dios por tener el privilegio de haberla podido hacer.

Gran alegría de ver otra vez a los míos, llegan exhaustos pero alegres, ávido de noticias pregunto y me cuentan sus experiencias, sus dichas y desdichas. Comiendo con Victor vemos al Kike, tiene una herida en la espinilla, la cara desencajada del cansancio, pero satisfecho de haberla realizado.

Camino del autobús me viene a la mente una imagen que se me quedó grabada; cuando corría por un trozo de la prueba que pasaba por la antigua N-432, había un coche parado a causa del paso de los atletas y ciclistas, una familia iba dentro, la madre callaba y esperaba, el padre imprecaba dando gritos y golpes en el volante, el niño con su carita pegada al cristal de la ventanilla de atrás, me miraba y se decía “cuando sea mayor correré la Guzman”

Vuestro JuanKa

Arrastraculero de pro y orgulloso de serlo.

NOTA DEL RELATOR.- Dedico la presente, escrita en circunstancias complicadas, a todas aquellas personas, colaboradores, voluntarios, directivos, organizadores, corredores y ciclistas, que, de algún modo, han participado en la X edición de la Guzmán El Bueno. También para que ese niño del coche no olvide nunca a ese corredor anónimo que con su recuerdo le inoculó el veneno del deporte, para que algún día pudiera correrla.

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