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Poco a poco iba progresando, hoy tocaba control de tiempos y en el entrenamiento matinal había superado los últimos registros, por la tarde en la sesión de gimnasio lo felicitó el masajista, animándole y previendo lo que sucedería el domingo.

                   Aunque no había dormido mucho, debido a la tensión, se sentía bien, ligero, tenía buenas sensaciones. Ya en carrera, transcurridos unos diez kilómetros se formó un grupo, estuvo atento y pudo entrar, daba los relevos precisos, no obstante era cauto y guardaba fuerzas, siempre bajo las órdenes de su director de equipo. El grupo fue menguando durante el puerto, se arriesgó en el descenso quedándose solo, ganó.

                   Al día siguiente recibió la llamada, aquello por lo que tanto había luchado, aquella llamada que tanto había esperado.

-…José Luis?  soy Nacho, manager del equipo “Colchones el Fakir” ayer te vimos en la carrera de aficionados del Gran Premio y queremos tener una entrevista contigo, ¿puedes venir mañana a Madrid?

-Sí, claro, como no.

-A las 10 en el hotel “Monte Perdido”

 

                   Era la oportunidad de su vida, no podía ocultar su alegría. Llamó a su director, se lo dijo a su familia, amigos y compañeros, pronto se corrió la voz por todo su barrio, por toda su ciudad; a José Luis lo han llamado de un equipo profesional. Repetía todo el mundo aficionado.

                   Pasó lo que tenía que pasar, lo que llevaba esperando toda su corta pero sacrificada vida; le hicieron un contrato, ya era profesional. 70.000 € al año, primas a repartir, y contratos de publicidad aparte, por supuesto, corría por parte del sponsor toda la dotación de material y ropa deportiva.

                   Durante el viaje, echaba la vista atrás y recordaba su época de infantil y juvenil, sus primeros triunfos, la ilusión, su gran decisión: dejarlo todo por llegar a algo en el deporte. Luego vendría esa maldita lesión que lo tuvo apartado durante seis meses, la rehabilitación, su recuperación y la gran aparición. Recordó también aquel grupo de bikers verdes con los que salía los sábados para retomar el tono muscular, cuanto se reía con ellos, era un grupo diverso pero unido, le ayudaron mucho hasta su completa recuperación.

                   Ahora, aunque era gregario del francés, era profesional, se ganaba la vida con lo que más le gustaba. Esa primera temporada no le fue mal, quedó 3º en la Dauphinée y su ayuda resultó fundamental para que “el francés” hiciera 2º en el Tour. Todo el mundo se fijó en él, las cámaras de la TV2 francesa emitían sus escapadas. En su ciudad natal, por su culpa,  no dormían siesta durante las tres primeras semanas del mes de julio. Se fundó un club ciclista con su nombre, le dedicaron una calle en el nuevo barrio, dio el pregón de feria y el de carnaval, presentó la Semana Santa, incluso un partido político le ofreció ir segundo en la lista de las elecciones locales.

                   Durante las siguientes temporadas tuvo algunos triunfos, hizo segundos  y terceros puestos, aunque su eclosión deportiva y personal llegó en aquella prueba por etapas, cuando “el francés”, líder a todos los efectos, tuvo un desvanecimiento en la contrarreloj y perdió excesivo tiempo como para contar con él para un posible triunfo, sin embargo, José Luis quedó 2º en la etapa y 4º en la general. Obedeció las órdenes del jefe de equipo, era una maquina de precisión, sus piernas funcionaban como bielas mecánicas, la postura tendida, solo movía el tren inferior de su cuerpo, los brazos en ángulo recto sobre los apoyos, todos elogiaron su técnica, y admiraron su clase. En las dos etapas de montaña que vinieron después supo dosificar el esfuerzo y corrió con mucha astucia, consiguiendo salir de aquellas montañas como líder de las mismas, y con el reconocimiento de todos como el corredor más completo del momento.

                   Estaba en una nube, a las llegadas de las etapas lo rodeaban los de seguridad, los periodistas lo asediaban, los masajistas se afanaban con mucho más cuidado y durante más tiempo. Cuando llamaba a casa le decían que el barrio era una locura, que hasta D. Facundo, en misa de 12 había hablado de él como ejemplo para la juventud.

                   Pasó el día de descanso concediendo entrevistas, atendiendo a los medios. Al día siguiente y al dirigirse al control de firmas, notó mas revuelo que de costumbre, casi no lo dejaban bajarse del coche acechándolo a preguntas, aunque no entendía bien lo que decían podía notar más crispación en los reporteros. Un pasillo de cámaras y micrófonos se abría a su paso hasta el autobús del equipo. Nada más subir el director con la cara desencajada le pregunto:

 

-¿Qué has hecho?

-¿Qué he hecho? Pregunto al mismo tiempo José Luis.

 

                   El director, de forma atropellada, le informó que habían recibido la notificación de un positivo en el análisis de la etapa 18, que de momento lo han impugnado y han pedido el contraanálisis, pero que podía correr la etapa de hoy pues no habían decretado la suspensión.

 

                   Una nebulosa se cernió sobre su cabeza, “positivo” aunque se hablaba de ello entre compañeros, era un tema que se veía lejano, difuso. Era imposible realizar que le pasara a él, ese sentía como el beneficiario de una negra lotería en la que había sido agraciado. Durante la etapa pedaleó decaído, sin ánimos ni ganas, tenía la sensación de estar rechazado. Llegado de nuevo al hotel, tras sortear la nube de periodistas habló con su director.

 

-¿qué has tomado José Luis?

-nada, de verdad, te lo juro. Ni siquiera su director le creía, le mostraba su pasaporte biológico, con los sellos reglamentarios, los visados necesarios, los controles sanguíneos pasados, todo estaba en orden, le repetía una y otra vez lo que hacía el día a día, lo que comía, lo que le daba el doctor. José Luis preguntó por la sustancia causante, fue entonces cuanto su director se convenció de que era inocente, informándole de que se trataba de aguicerol un producto enmascarador de las correzopinas absolutamente prohibidas. José Luis no se lo explicaba, repetía para sí aguicerol, aguicerol, dando vueltas a la cabeza y a la habitación donde se encontraban. Trataba de hallar alguna explicación, leyó con fruición el prospecto de los retardantes de la fatiga que le recetó el doctor, el de la crema que un día se untó para el golpe de la espinilla, el de la aspirina que inevitablemente tomó para calmar su dolor de cabeza, nada, ni rastro del maldito aguicerol.

                   El contraanálisis ratificó los resultados iniciales, 0,0001 mg de aguicerol por litro de sangre.  Las negaciones continuaban a pesar de los esfuerzos de los abogados, le impusieron dos años de suspensión. Se sucedieron los obligados abrazos y las hipócritas palabras “lo siento José Luis” “ya pronto te volveremos a ver” “te creemos José Luis” “ya verás pasará pronto”. Cabizbajo se paseaba por su barrio, casi nadie lo saludaba, hubo propuestas por parte algunos concejales de cambiar de nombre la calle que un día le dedicaron, en la asamblea del “Club Ciclista José Luis” también se alzaron voces para darle otra denominación. Solo aquel grupo de bikers verdes de singular nombre lo acogió como un igual, le animaron, lograron arrancarle alguna sonrisa con sus chistes y bromas, incluso le pusieron un inocente mote que nunca se atrevieron a decir, “el yo-yo” por aquello de subir y bajar tan pronto.

                   Una fría mañana, ya mas conforme, reconfortado por su nuevo grupo de amigos y  preparándose para la salida a la que ellos llamaban, en su elaborada pagina, “salida oficial” mientras se peinaba le fue inevitable fijarse en el bote del liquido de las lentillas, lo cogió observándolo detenidamente, entre los componentes del producto se encontraba uno “aguicerol” con rabia lo tiró al suelo, demasiado tarde.

FIN

                   JUANKA.- Arrastraculero de pro, orgulloso de serlo. El presente es un canto a la inocencia de algunos ciclistas, con este relato también quiero poner de manifiesto lo absurdo de algunos positivos, los inútiles controles de las instituciones y la desigualdad con la que se trata el ciclismo en relación a otros deportes en la lucha contra el dopaje.

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