giweather joomla module

Eventos

No hay próximos eventos!

Calendario

Octubre 2018
Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
01
02
03
04
05
06
07
08
09
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

Dejaba ya las monedas sobre la barra del bar con el importe exacto del café con leche y la tostada con aceite, recogía su casco y se disponía a salir, cuando la comentarista lo anunció “dos ciclistas mueren en la carretera y otros tres resultan heridos de gravedad en un accidente ocurrido en las proximidades de Sevilla.” Un punzada en el corazón lo paralizó, con la mano puesta en el picaporte de la puerta y la vista al exterior del bar donde lo esperaba su bicicleta para afrontar el regreso después del refrigerio tomado. Se le subió de pronto la sangre, poco a poco se iba volviendo y levantando la cabeza hacia la tele, esperando lo que no quería oír. El bar quedó en un tenso silencio todos levantaron la vista hacia el televisor. La comentarista ampliaba la noticia “el conductor perdió el control del vehículo e invadió el carril contrario produciendo el atropello a los ciclistas, los cuales iban en grupo por el arcén, causando la muerte a dos de ellos y heridas a otros tres, siendo trasladados de urgencia al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Al parecer el conductor carecía de permiso de
conducir y el vehículo no tenía seguro”.

Una lágrima le cae por la mejilla, corre silenciosa, haciendo un surco de limpieza entre el sudor y el barro de la cara, ¡otros dos más! se dice. Un parroquiano al que no conoce le pregunta ¿has visto, no os da miedo? No contesta, piensa, reflexiona, una nebulosa aparece en su mente, quiere responder al paisano, pero no encuentra palabras. ¿miedo a que? ¿miedo por qué? ¿Hacemos algo malo de lo que podamos temer? ¿somos un llamado grupo de riesgo del que se tenga que ocupar especialmente el Ministerio de Sanidad? Le dan ganas de blasfemar, aunque se queda en el insulto susurrado dedicándolo al conductor. Un aluvión de imágenes se le agolpan en su mente: la del Juez de Guardia, reconocido aficionado, levantando los cadáveres, la de la esposa y familias recibiendo la noticia, las caras de los restantes miembros del grupo cuando vieron el accidente, la del mismo autor del hecho.


Caro precio el que hay que pagar, estipendio desorbitado, por hacer lo que nos gusta y siempre las mismas preguntas ¿POR QUÉ? ¿Qué han hecho para merecer esto? Sonríe cuando recuerda la gran perspicacia policial al parar, a un conductor vestido de ciclista a las siete de la mañana y con una bici en la baca, para realizar el control de alcoholemia, cuando por el lado se colaba otro vehículo atestado de jóvenes con música estridente gritando y enseñando las botellas por la ventanilla. Claro, es cuestión de comodidad, es cuestión de estadística. ¡Vaya mierda! Salió del bar, su bici le esperaba fuera, le causó un inmediato e irremediable rechazo, como si le temiera, como si no se atreviera a montarla, su Colnago, la de siempre, la que nunca le dejó tirado, no obstante, se armó de valor y como si de un antiguo gladiador se tratara, miró al cielo y pensó morituri te salutant se montó notándola extraña, como si cobrara vida.


El recorrido de vuelta se le hizo interminable, fue una lucha contra el viento, contra los elementos imaginarios, le parecía que los coches le pasaban cada vez más cerca, notaba como si le rozaran, y como el Ingenioso Hidalgo, veía fantasmas donde solo había molinos.
 

Tras una agitada noche, se desayunó con la prensa, no hacía falta que buscara la noticia en el interior del diario, casi todos mostraban como foto de portada los restos de las bicis tras el accidente, una zapatilla, trozos de casco, todo salpicado con sangre. De pronto se preguntó ¿no se entierran las bicis? Pues también murieron con ellos, es como antes en las guerras, morían el jinete y el caballo, a este se le dispensaban grandes honores y loas, se entendía que había servido bien y fielmente a su jinete, con su fuerza y destreza lo había salvado de los peligros que lo acechaban. Pero las bicis muertas ¿Dónde irán? ¿Al depósito de un Juzgado, como prueba judicial? ¿al almacén de algún perito para ser valoradas? o simplemente se dejarán allí como testimonio hasta que una pareja de la Guardia Civil de Tráfico las retire. Le dieron ganas de ir al lugar recoger los amasijos de carbono y aluminio y darles un digno destino y final junto a sus jinetes.


Tras la lectura de la noticia, supo del autor; inmigrante ilegal con orden de expulsión, sin carnet y por supuesto sin seguro. Qué más da -se dijo- a su amigo lo mató cerca de Villarrubia un chico de buena familia, con un gran coche, venía bebido de la feria y se dio a la fuga, ¿y los famosos? Se acordó de Farruquito “el valiente”. Encima entre todos tendremos que indemnizar a las víctimas y heridos (Consorcio), dar de comer al autor, pagarle su estancia en el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) y un billete de vuelta a su país. ¡Qué injusticia! Que grande y potente se ve un coche al lado de una bici, como nos transformamos al volante y lo que antes eran recriminaciones a los coches ahora lo es contra nuestros hermanos los ciclistas. Pero no hay solución, los coches son más, generan más, dan más dinero, son más necesarios. La bici es medio de diversión, de deporte, la estadística es de uno cada día, y quedan muchos, este país es grande.
 

Reflexionaba mientras cerraba el periódico; no me convencen los correos y chistes contra Zapatero, tampoco me gustan las alabanzas a Rajoy y los suyos, no le debo nada a nadie, quiero que me dejen vivir en paz, que algún día se les ilumine la mente a nuestros políticos para hacer leyes dignas, que nos protejan en vez de matarnos, y de mientras cuando vaya a hacer algo tan arriesgado como el deporte del ciclismo miraré al cielo y le diré a Alguien ave, morituri te salutant JUANKA “arrastraculero de pro”

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar