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“Sufrimiento y dureza” reza el lema grabado en las sudaderas Ronda-2013 y la realidad de la prueba está descrita en estos dos adjetivos.

La crónica de 2012 terminaba con el celebré “volveré” de Mac Arthur en Mindanao y aquí estoy de nuevo y por ello doy gracias a Dios.

Son muchos los elementos que han de conjuntarse para salir airoso de un evento como la XVI edición de los 101 km de Ronda, a saber; entrenamiento adecuado, mantenimiento y fiabilidad de la maquina, preparación mental para afrontar el sufrimiento y contar con algo de suerte. Si se acude a la cita adoleciendo de cualquiera de ellos el fracaso está asegurado.

Hay muchas y variadas pruebas deportivas en el calendario, aunque ninguna como los  101 km de Ronda. Será el ambiente?, será el lugar?, la gran participación, la organización, el caso que es de esas pruebas que no puede uno evitar la tentación de participar. Siete son las veces que este relator ha participado en la prueba, cada edición es diferente, de cada una hay un recuerdo imborrable, cada una es especial.

Todo comienza en Enero 2013 tanto en las modalidades de Duathlon como en MTB, se suceden los comentarios alegres de los que consiguieron dorsal, las esperanzas de los que lo buscan, el desencanto de los que no lo encuentran y la tristeza de los que no pueden ir.

Viernes 3 de mayo, 17,00 horas en el Bar Pedro, se empieza a organizar en serio la cosa, los acoplamientos, las habitaciones, los desplazamientos, la orgánica en general. En este punto, no debemos pasar por alto la labor desinteresada de nuestro Presidente que, a pesar de no acudir al evento, organizó la expedición, gestionó alojamientos, convocó reuniones, se preocupó, en definitiva, sacrificó su tiempo en aras del bien de todos nosotros. Este gesto le honra y le hace acreedor del cargo que ostenta.

La gran cita se acerca, se afina la preparación, se pone a punto la máquina, nada se deja al azar. Se piensa y repiensa en cada detalle, se cuenta y recuenta los enseres, las ropas, los geles, todo está previsto.

No puedo contar con testimonio alguno que me haga participe del viaje de la expedición hasta la ciudad del tajo, pero imagino que debió ser apasionante. Esta vez si se puede hablar de “expedición”, pues casi 20 miembros del Club acudieron a la cita. Como siempre, calor físico y humano, coches con bicis en toda clase de acoples, caravana en las proximidades de la ciudad, la cual está colapsada por deportistas, en un peregrinaje deportivo nunca visto.

Saludos y encuentros por las calles de la ciudad de los bandoleros, recuerdos de otras ediciones, “La Alameda” arropa con su sombra a mercadillos, tiendas y coches militares, paseantes curiosos, deportistas, en un ir y venir sin orden ni concierto, mientras un altavoz impide con su música machacona la comunicación oral, creando con ello un ambiente de verdadera orgía deportiva.

Cena frugal entre amigos y conocidos, moderación en la bebida, cuento y recuento del equipo, puesta en hora de despertadores u otros ingenios electrónicos. Estos mismos son los que nos muestran las horas pasar, vueltas y mas vueltas, hasta que por fin la fatiga vence a la inquietud y nos deposita en los brazos de Morfeo con su reparador sueño. (según Jose Miguel, en las proximidades de las instalaciones de la Residencia de Unicaja, un simple gallo con sus enérgicos cacareos se encargó de dar las horas, sin necesidad de móviles ni despertadores).

Se oyen ruidos de cremalleras, plásticos, bolsos, bagajes, grifos y sonidos corporales que suenan al escapar los efluvios de una noche agitada. Es la hora. Alegre desayuno con los compañeros, que alivia los nervios y tranquiliza el estómago. Nos espera nuestra bici, a punto, deseando que la montemos, como Bucáfalo espera a Alejandro, como Babieca a Don Rodrigo, presta a correr las sierras del Tempranillo.

Pequeño y tenso recorrido por las calles de ciudad, aún sumida en el letargo de la noche. Al parecer, la expedición gracias a su buen hacer y previsión, llegó temprano al recinto deportivo de la salida, lo que le valió contar con los primeros puestos. Este relator, en la creencia de que, como en las pasadas ediciones, los duathletas pasaban a ocupar las primeras posiciones, se encontró con la desagradable sorpresa de que no era así y al llegar al recinto sobre las 9,50 horas hubo de ocupar la posición normal de orden de llegada. La única lástima fue el no poder compartir esos momentos con la expedición arrastraculera, con lo que ello conlleva, fotos, risas, comentarios, recuerdos, anhelos….

Tras un minuto de silencio en honor a los ciclistas rondeños atropellados en Campillos, y los “vivas” discursos y salves de rigor, la masa multicolor se mueve algo, a lo lejos diviso puntos que discurren uno tras de otro, pienso: los míos ya están en ruta. Con el pensamiento les deseo buena suerte.

Me toca a mí, avanzo, andando primero, montado tras salir del recinto. Avenida del Polideportivo, calle de La Bola, estatua de Antonio Ordoñez, busto de Rios Rosas, Tajo, iglesia de San Francisco y salida de la ciudad. Pienso y rezo para poder verlos de nuevo por la tarde.

Gritos, voces, timbres, siseo de piñones y cadenas, todo hasta enfilar la carretera todavía en tramo neutralizado. Parada, nervios, últimas micciones fruto de la tensión mas que de la necesidad y, salida.

Una gran masa multicolor y con destellos comienza a moverse, sus brillos se apagan al envolverla una nube de polvo. Entramos en el campo. Empujones, chirridos de frenos, voces, improperios, gritos de ánimo, todo se mezcla con una tensión que carga el ambiente. Los músculos gemelos tiemblan, los dedos sobre los frenos no paran de agitarse, en un continuo movimiento de tensión y extensión, oímos y damos voces: “por la izquierda, por la derecha, por el centro” pidiendo o dando paso. Es una locura.

Tras el sitio conocido como “Navetas” veo la bajada de los primeros ciclistas, descienden como locos. Continuamos y por fin llega el premio a los duathletas, un pequeño beneficio que les evita hacer unos kilómetros de mas. Al descender hacia el puente, tras las instalaciones militares de Navetas y una vez juntos ciclistas y duatlhetas oigo mi nombre “ahí viene JuanKa” son la familia de Victor, mi alegría es inmensa al oir las voces de Manuel y Guillermo, me anima, sigo. Recta con baches, veo al primer vestido de Arrastraculos, es el amigo de Jose Miguel, me animo, y mas aún cuando en el descenso de Arriate me saludan David, M.Jose y Alba, solidarios amigos de mi hijo David, scouts de pro y seguidores de los 101km.

Puerto de Arriate.- inmenso pero asequible, bromas entre los corredores, respeto y educación con los que ponían pie a tierra, sitio para todos. Superado, descabalgando solo una vez, para limpiarme los ojos. Susto con los bancos de arena, que logran dar con mis huesos en el suelo, aunque nada que no solucionara la solidaridad cientounera, levantándome y animándome a seguir.

Fuerte descenso hacia Alcalá del Valle, donde en el obligado control de pasaportes veo a Miguel del C.Ingles y Paco Lopez, lo que me llena de felicidad. Gran cuesta de cemento que hace retorcerse a los mas fuertes y descabalga al común de los mortales (aunque sé que muchos de vosotros llegasteis a subirla montados).

Setenil de las Bodegas, curioso enclave, aprovechando la sombra de la roca para vivir bajo su manto, lo que nos recuerda a nuestros ancestros. Subes y bajas, estrechos y verdes pasajes, siempre oyendo el natural correr del agua, que solo es acallada por las voces del pueblo que animan a los corredores. Paro de nuevo con los amigos David Valle, M.Jose y Alba, que me dan agua fresca, y comida. Paco Lopez se para con nosotros, y se “refofila” (palabra típica de Pozoblanco que se usa para acercarse al brasero y quitarse el frio de la calle) en nuestra compañía. Me tranquilizo y me alegro cuando me informan de que mi David “El Nene” en la primera hora de carrera iba a 5 minutos de la cabeza, estaba bien y no necesitaba nada. “gracias a Dios” me digo.

Continuo y cual es mi sorpresa cuando veo otra vez a la familia de Victor, en esta ocasión no puedo resistirme a descender de la bici para saludarlos.

Dadas las atenciones de los seguidores scouts no tengo que parar en los avituallamientos, dejando de lado ingentes masas de corredores, tanto en Setenil como en el avituallamiento del cortijo “Polear”.

Sigo, tengo extremo cuidado con los bancos de arena. Puerto de Setenil, inmenso, largo, me hace descabalgar, empujo con mucho esfuerzo la bici. Elios se pasea con su carro de fuego azotando sin piedad los cuerpos y maquinas de los participantes. Empieza la fatiga, asoma el desánimo. ¡Cuidado! Ha llegado mi punto fatídico, tengo que luchar para vencer. Los dolores aparecen, los músculos dorsales, lumbares, rodillas, todo duele, la cabeza me da vueltas, afloran los pensamientos de abandonar, empiezo a preguntarme lo mismo de siempre cuando aparecen estos síntomas, la pregunta terrible: ¿por qué hago esto? ¿Qué necesidad hay? ¿Qué tengo que demostrar?. Echo mano de mi remedio, agacho la cabeza y pedaleo sin pensar, en un avance lento, cansino pero constante. De pronto la bicicleta se vence hacia delante, se desboca, es la bajada al cuartel. Estoy salvado.

Toca la transición del Duathlon ello me servirá para recuperarme. Entro en el comedor, agradezco la sombra, bebo una isotónica cojo una botellita de agua y un plátano y salgo a correr.

Voy encontrándome cada vez mejor, en el puerto de la Ermita corro los llanos y ando en la subida, adelantando a una interminable hilera de espectros empujando la bici, callados, resoplando, regando el suelo con su sudor. Corro por la extensa cuesta abajo de la carretera hasta Benaojan, adelanto a Julio (primito Julito), me pasan y gritan Paco Lopez, Miguel Corte Ingles, atendiéndome todos por si necesitaba algo, solidaridad arrastraculera, asi como la manifestada por Pablo, amigo del “Nene” y también scout de pro, al que vi, me pasó, y pase en el puerto de la Ermita, para finalmente adelantarme en su bajada. (he de hacer el inciso de que este compañero, Pablo Sarmiento, no hace ni un año que monta en bici, y subió montado la cuesta de la Ermita, bravo luchador, espero que en un futuro no muy lejano vista la indumentaria arrastraculera como socio de nuestro insigne Club)

Me las prometía muy felices creyendo que mi carrera continuaría por el paraje denominado “Cueva del gato”, tramo tortuoso pero fácil, conocido por todos los cientouneros. No, me desviaron para ascender una cuesta mortal, llamada del Duende. Terrible puerto, en su primera mitad lleno de raíces, piedras, senderos estrechos, compartiendo y disputando terreno con las bicis. Bajadas infernales, que lograron dar con mis huesos en el suelo. Los corredores caían tropezándose, los ciclistas lo hacían unos por el cansancio, otros por que técnicamente era imposible tenerse sobre la máquina, otros en las bajadas, regueros,…. Yo corría en las descensos, arriesgando bastante, recordando mis entrenamientos, sacándolos a relucir, aprovechándolos, siguiendo los consejos de mi hijo, recordando también las tardes con Miguel Puertas, con Jose Miguel ¿por dónde andarán? Me preguntaba. Mientras, oía voces de ánimo y a la vez de atención, pues la bicis pasaban volando por mi lado, cualquier traspié podía ser fatal, tanto para el ciclista como para el corredor. Arriesgué.

Mi alegría se desborda cuando al llegar al recinto del cuartel para hacer la 2ª transición, me encuentro la sorpresa de que el patio está lleno de bicicletas, señal de que no soy de los últimos. Me pongo solamente el casco y las zapatillas de ciclista. Saludo a mi bici, “ya estoy aquí otra vez” ella me responde: “te esperaba mas tarde, has volado en el tramo a pie, sácame de aquí y vámonos”. Arde al tocarla.

Salgo del cuartel previa exhibición del pasaporte, y tras una interminable cuesta, me uno a los ciclistas BTT, Ronda se nos presenta de frente. Descenso hasta la fábrica de la luz y acometida a la última cuesta, descabalgo, disfruto del paisaje, el tajo a la izquierda, la meta próxima, ello me da fuerzas. Monto de nuevo, saludo de mi sobrina Pilar, que me hace una foto (recuerdo a todos, que la sobrina tiene en su palmares un primer puesto como fémina en los 101 km y 3ª en duatlhon fémina el año pasado). Acelero, paso por la plaza del Convento, que es mi residencia, asciendo la cuesta, adelanto a muchos, atravieso de nuevo el tajo, paso al lado del busto de Rios Rosas, me saludan las estatuas Ordoñez y Pedro Romero, la gente aplaude, disfruto el momento. Entro en la Alameda, saludos, enhorabuenas, imposición de medalla.

Doy gracias a Dios.

JUANKA.

Para los que nos esperaron.

Para mis amigos.

También dedico la presente a nuestras mujeres, y vuestras madres, que como Penélope con Ulises, supieron esperar pacientemente la feliz llegada del aventurero después de su Odisea.

No quiero demorar la publicación de la presente, pues los que esperan estarán ávidos de noticias. He requerido testimonios de los participantes, para incorporarlos en la crónica, aunque no he recibido ninguno debido al cansancio, imagino, me hubiera gustado completarla con ellos.

Felicito a todos los participantes, doy la enhorabuena a los que han hecho buenos tiempos o hayan superado records personales.

Es inolvidable el buen rato que eché con Julio y Quique la noche del sábado. Buena gente. Buena compañía.

Mi agradecimiento a David Valle, su mujer Maria Jose y la amiga Alba, que han quedado inoculados con el veneno de los 101 km de Ronda y se han convertido en entusiastas seguidores de la prueba, animando y asistiendo a todos los participantes, en especial a los Arrastraculos. No olvidaré los cuidados que le dispensaron al “Nene” tras la bajada de tensión a su llegada a meta.

Reconozco que fue emocionante cuando oí “ahí viene Juanka” gritado por Guillermo, hermano de Victor. Gracias familia.

Felicito a Pablo Sarmiento, por su empeño, superación y esfuerzo, no conozco a nadie que en tan poco tiempo haya progresado tanto.

GRACIAS A TODOS

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